martes, 7 de abril de 2009

el shentimiento esh shentimiento pe'


Jano caminaba con su pata Soli, los dos estaban asados por que se habían ido al estadio nacional a ver perder al equipo de sus amores... ¡en fin!.
Salieron para la avenida Arequipa y tomaron el micro que los llevaría a su terruño, el distrito más lindo y mentado de todo Lima, el ejemplo de ejemplos ejemplares y ejemplarizados en todo el Perú, cuna de "luchadores", "comercializadores" y sobre todo "selectivos trabajadores nocturnos", futuro de nuestra nación, si, hablamos del distrito más concurrido y con mayor turismo nacional: el Rímac, cuna de tradiciones, historia y sobre todo, buena gente... muy buena gente.
Ahi se iban los dos chocheras, juntos en su derrota, comentando el partido...
−Shi pe´, eshe uon la cago, tenia pa´ meterla pe´... sha mare −decía Soli
−Shi pe´ pero tamien el otro se le tiro encima pe´era pa´expulsarlo, el arbitro ta´comprao creo... −agrego Jano y concluyo con un: −sha mare.
Sumidos en su derrota, sentado Soli y parado Jano cogiéndose del pasamanos cerca de la puerta, se percataron muy tarde de la subida al mismo micro de ocho patas del equipo contrario al equipo de sus amores que hacían todo el alboroto que se suele hacer cuando el logo grabado en tus glóbulos rojos corresponde al equipo ganador... "sha mare".
Jano normalazo se quedo parado y no decía nada, su vida corría peligro pero podía pasar desapercibido frente a sus adversarios haciendose el huevon, total, con esa cara...
La suerte de Soli en cambio, era diferente, el llevaba aún el polo del equipo de sus amores, era su segunda piel y era ilógico quitársela, no tenía sentido, además había jurado lealtad hasta la muerte y lucharía hasta agotar el último suspiro, así llueve o truene, así sean diez mil adversarios, veinte mil, cincuenta mil, échenmelos de a poquito, yo puedo con todos, los haré pedacitos... pero nunca está de más cubrirse la espalda con una chompita, solo para disimular.
Soli se hizo el huevon, dejó de conversar con Jano y quiso pasar desapercibido.
Pero era demasiado tarde, uno de los ocho adversarios sintió algo en el aire y elevando la nariz empezó a oler en dirección a Soli y entonces, lo vio: Soli no llegó a cubrir el cuello de su polo y sobresalía por sobre la chompa.
−Oe´ −dijo el olfateador de equipos contrarios al equipo de sus amores, pasando la voz a uno de sus compinches −eshe creo que esh contrario.
−No uon, eshe color esh claro −le respondió el otro.
−Shi uon, esh contrario −mientras los otros ya se habían puesto en alerta.
Debo aclarar que este era un micro común y corriente de transporte de pasajeros, con su chofer alucinándose Meteoro al volante del Max5 y un cobrador mismo Superman agarrado del estribo acostumbrado al viento y a la velocidad, eran como las nueve del sábado por la noche, la gente regresaba a casa de sus trabajos, algunas chibolas regresaban de estudiar, otros recién a trabajar, en si, el micro era un micro como esos micros que ves cuando vas a tomar un micro, no estaba lleno, así que estos patas, subieron sin problema alguno.
Por lo general el cobrador es selectivo cuando hay enfrentamientos deportivos y la gente sale del estadio, pero este no fue el caso. Teníamos a dos equipos contrarios del equipo de sus amores en un mismo micro y el olfato de uno de ellos ya había descubierto a Soli.
−Shi es uon –repetía mientras se acerco y jalo del cuello del polo que sobresalía para revelar el misterio anunciando con bombos y platillos a Soli y al equipo de sus amores.
−Que te pasha uon –atino a decir Soli poniéndose de pie y dejando ver el polo del equipo de sus amores.
Error fatal de la vida, los ocho al unísono se abalanzaron sobre Soli. Jano se metió a defender a su pata, pero como estaba por la puerta del micro, la sarta de golpes lo hizo bajar a empellones, a su vez, el cobrador pensó que era el faltoso y también le metió golpe.
La gente desesperada empezó a gritar: ¡déjenlo!, ¡déjenlo! pero igual les caía la bombarda de dieciséis puños en turnos de ocho por vez, mentadas de madre incluida.
El micro paro un rato y Jano se quedó en la avenida Wilson mientras el carro continuaba su marcha con Soli adentro molido a golpes. Estos compadres obligaron a Soli a bajar también del micro una cuadra después no sin antes quitarle el polo.
−No te queremos ver de nuevo uon, la próxima te cagas sholo uon… −gritaba uno de ellos con medio cuerpo saliendo por la ventana del micro.
−Faltosho el babosho, como va a ushar shu polo frente a nosotros oun –decía uno de los del equipo de sus amores ganador.
−Shi pe, yo le di duro en la espalda, lo quería “hincar” pero no lo alcancé –continuaba el otro.
−Ta´bíen uon, lo hubieras “hincado” por faite. Yo le patie duro en la pierna pa´que se acuerde de mi –hablaban los “faites” orgullosos de su proceder como si de una victoria más se tratara.
Y el micro común y corriente de pasajeros como un micro de esos que tomas cuando vas a tomar un micro, que lleva a sus casas a personas temerosas ahora por lo sucedido, se alejó en la noche de ese sábado, después de haber arrojado en plena avenida a dos “uones” que regresaban a su casa asados por la derrota del equipo de sus amores y ahora con los cuerpos molidos y amoratados.
−Ya vesh, yo te dije uon, quítate el polo pero no me hishiste caso –decía Jano mientras se retiraba cojeando apoyado en Soli, derrotados una vez más, asados y recontra asados, esperando encontrarse nuevamente con esos patas, esta vez, en igualdad numérica para arrojarse piedras toda la noche por que: la shangre es shangre nada mash pero el shentimiento esh shentimiento que shale del corashon por el equipo de mish amores pe´...
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