miércoles, 12 de mayo de 2010

La piedra en mi frankfurter

Era una noche de aquellas en las que estaba ansioso para entrar a ver una pelicula en Cineplanet Risso.



La pelicula en mención era Saw 5 (hace muchas lunas), una película que estaba esperando hasta la conmoción cerebral por la intriga de saber quien era el gracioso que quería tomar el lugar de Jigsaw en esta penúltima entrega (penúltima hasta hoy).
Con mi entrada en la mano, ticket rosado por favor, estaba haciendo mi colita en espera que nos dejen ingresar, faltaban veinte minutos todavía, asi que encargue mi lugar y me fui a comprar la infaltable canchita saladita que hace excelente pareja con una gaseosa heladita... hasta ahí estaba bien, pero una flaca que había comprado un frankfurter snack (de Braedt), había abierto su cajita y se estaba empujando las salchichitas con tal placer que me dije, vamos a ver, probaré de esos. Pedí una cajita y me la entregaron calientita.
Me fui con mi bandeja, canchita, gaseosa y frankfurter´s calientitos a reclamar mi cola, ya estaban ingresando y pasé a la sala, previa entrega del ticket rosado por favor...
Ya sentado al interior de la sala, empecé a enchancharme con lo comprado y empezó la película...
Pero esto no tiene que ver con la película, tiene que ver con los deliciosos frankfurter´s snack que son básicamente pequeñas salchichas con sabor ahumado, realmente son un disfrute, sin embargo...
¡Ta ta ta taaaaaaaannnnnnn!, ¡Ta ta ta taaaaaaaannnnnnn!... (5ta sinfonía de Bethoven)...
Resulta que como al quinto frankfurter (¿coincidencia con la película?) que me llevé a la boca, en plena masticación, sentí como una aguda puntada me daba justo en un diente molar izquierdo... ¡a la mier...!, ¡por la...!, que punzada más dolorosa e intermitente después...
Fue el dolor más grande que jamás sentí en un diente que me hizo recordar una de esas películas japonesas antiguas que pasaban en el canal dos donde un cocinero, el mejor cocinero del imperio, sin notarlo dejó una piedra en la comida de la esposa del emperador, está al saborear la comida tuvo la mala suerte de dar un gran mordisco que le partió el diente... inmediatamente hizo llamar al cocinero y lo mandó decapitar...
Volviendo a mi experiencia, ya terminada la función y tratando de recuperarme del dolor, quise saber que michi era lo que casi había partido mi diente (y si hubiera tenido a alguien de Braedt, de seguro lo decapitaba yo mismo), lo había guardado en el bolsillo de mi casaca, era un pequeño fragmento de sabrá dios que, de unos cuatro por dos milimetros y medio, parecía una piedrita blanca poliforme, tal vez la astilla de un hueso de cerdo o un sarro de las máquinas de Braedt... de hecho que no era un pedazo de mi diente, estaba sano, aunque lo sentía perforado...
Desde aquella vez, decidí tomar en serio el consumo de estos frankfurter´s, si, muy en serio por que ahora cada vez que los como, los mastico con cuidado... es que el placer de saborear la comida, nadie me lo quita.
De todas maneras, se fue abajo el concepto de calidad que presume Braedt en sus comerciales, de nada le sirven sus medallas internacionales de oro, plata y no se que más por que justo la basura que estaba donde no debía estar, se clavó en mi diente y me llevó a una cita con el dentista... me pregunto ahora: ¿habrá una persona que supervise la limpieza de planta en Braedt?, hummmm... tal vez se quedó dormido.


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