La seguridad distraída...

Hola amigos!!! como están, después de muchas lunas pude hacer a un lado mis obligaciones (que crecen día a día) y escribir un poco, pero sólo un poco...
En esta ocasión les relataré la aventura de quien les habla en un supermercado, espero sus comentarios...

Era jueves de semana santa y la mayoría de gente ya estaba a muchas leguas de la capital al sur o al norte, tirados en las arenas de sus respectivas playas, achicharrándose las carnes dizque para el bronceado o nadando cual delfines o lobos marinos, bueno, también como hermosas sirenas arrojadas por el mar... hummmm.
Resulta que también se me ocurrió salir de Lima, pero yo salí el jueves, no sin antes irme con mi flaquita por ahi a un supermercado conocido para hacer compras antes de partir (bronceador, chela y piqueítos), ella por su lado y yo por el mío hasta que nos perdimos de vista, entonces, como era casi medio día de ese jueves y el sol estaba quemando incansable, se sentía el bochorno en el interior, asi que decidí tomarme una chelita en lata, heladita, la abrí y me di el gusto... ahhh!!!... que rica que estaba!!!... 
Ya con la garganta fresca, me di cuenta que una flaca de seguridad me estaba mirando al final del pasillo mientras hablaba por su radio de largo alcance con la central para seguro reportar mi indebido acto placentero (obviamente tenía que pagar la chela al salir). 
Bueno, no le di importancia hasta que me percaté que a cada pasillo que me asomaba, alguien de seguridad reportaba mis movimientos, con tal evidencia que prácticamente me señalaban con el dedo diciendo... ¡he ahi!, ¡he ahi!, ¡he ahí el ladrón, el bebedor compulsivo!, ¡el servil dipsómano impago!, ¡a por el!, ¡cogedlo!, ¡cogedlo!... lo cual me causó mucha gracia y me acostumbré al hecho de ser supervisado a tal exageración, seguí haciendo mis compras, ubiqué a mi flaca con el carrito, nos acercamos a caja y pagamos todo, incluida la cerveza que origino el revuelo de todo el personal de seguridad en pos de mi, vulgar ladrón infeliz, claro que pensé que ahí acabaria todo, sin embargo, se armó la escenita en la puerta de salida...
Mi flaca me adelantó unos pasos toda distraída, cuando un pata de seguridad de camisa blanca y corbata azul bien planchada me detuvo al salir y me pidió el voucher de compras, entonces comprendí que estos jijunas pensaron que me quería ir sin pagar una miserable cerveza. Bueno, como no tenía nada que ocultar, le entregué el voucher, el pata lo revisó y mirándome fijamente a los ojos y con total convencimiento me dijo:
Me han reportado que usted ha tomado un "red bull" y veo en el voucher que no ha sido pagado (?).
Me lo dijo tan seriamente y con tanta seguridad que me causó gracia asi que me puse los anteojos mientras le respondia:
No, se equivoca, no he tomado un "red bull"...
Señor −volvió a decir− ha tomado un "red bull y no lo ha pagado.
Ante tal convencimiento, no me quedo otra que responder también con la seguridad de no haber tomado el dichoso y equívoco producto llamado "red bull":
−Señor, no he tomado un "red bull"...
Terminando de decir esto, se acercó otro pata, un tío cincuenton, con cara de pocos amigos, con el mismo color de camisa, pero arrugada, colgando por la cintura y corbata desarreglada, con voz de trueno, casi matonesca y dirigiéndosé al otro patita de seguridad preguntó:
−Que pasa señor?
−Aquí el señor "dice" que no ha tomado un "red bull" −afirmó con la autosuficiencia y convencimiento jamás visto en ocasión alguna, lo cual me causó aún mayor gracia y hasta me puse a temblar por que ya no podía contener más tiempo la risa que ya se iba a salir...
−Señores, no he tomado ningún "red bull"... −dijé ya algo fastidiado a la vez.
El tío matón haciendo puños puso las manos a la cintura, se inclinó hacía mi y con su voz gruesa, hediondo aliento a nicotina y además muy seguro de si, me dijo con voz cachacienta:
−Por si no lo sabe, señor −poniendo énfasis en "señor" −aquí tenemos cámaras de seguridad y estamos monitoreando los movimientos de todas las personas y en pantalla hemos visto que usted ha tomado un "red bull" y no lo ha pagado...
Ya me iba a cagar diarreícamente de risa para adentro cuando una voz estridente y pituda nos sorprendió a todos, llenándonos del terror terrorífico preguntando:
−¿Que pasa ah?, ¿que pasa?, ¿por que no lo dejan salir?
Era mi flaquita que se había ganado el pase desde unos pasos más allá y como es chatita la pobre, se había demorado en llegar a defender al amor de su vida, por supuesto, yo.
Decidí terminar mi juego por fin y quitándome los anteojos miré fijamente al tío cincuentón que se había quedado mudo a la intervención de mi flaca que ya echaba chispas por los ojos y le dije:
−Señores −dije − en principio, no me voy a ir sin pagar algo, si ustedes no pueden ver detalles en su pantalla, no es mi problema, lo que he tomado, es una cerveza y ya la he pagado.
−¿Puedes ver en el voucher? −agregué preguntando al primer patita de seguridad...
Los patas se miraron y no les quedó otra, me pidieron disculpas y me dejaron salir...
Tuve que agarrar a mi flaquita para que no los destroce ante tal atropello.
Ahora que lo pienso, no sé si fue por que comprendieron su error o fue por que ante tal situación, era el único que podía contener a la fiera que ya se avalanzaba al ver a su hombre en peligro... si, pobre mi flaquita, ella quería defenderme, pero yo tenía todo controlado, hubiera sido chevere llegar a mayores y demostrale a estos patas que me estaban jodiendo por gusto... jajaja!!! no me queda más que reir al recordar mi mediodía de jueves de semana santa, antes de partir a una playa al sur para achicharrarme como todos en plan de penitencia...

   

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