sábado, 20 de noviembre de 2010

La historia de la mano...

El chato Victor se acercaba a toda marcha después de pasar a uno, dos, tres, estaba llegando al arco, pero se dió con la enorme (enorme) sorpresa de que Manuel estaba de arquero, sin embargo, era necesario hacer un gol como sea para empatar y eso y sólo eso estaba en la mente de Víctor, era su misión en ese momento, no había otra razón para vivir, ya había conservado la pelota hasta ese punto y no perdería su oportunidad de gloria, no señor, este era su momento, todas las miradas del equipo de entregas estaban puestas en el, la gente gritaba de las gradas levantando los brazos, su nombre era coreado a viva voz...
Víctor era el conserje del edificio, no trabajaba en la empresa ni tenía nada que ver con ella, la gente de entregas lo invitó al partidito para completar el equipo y ahi estaba el, cumpliendo con su labor encomendada. Era un chato recio y comprometido con su equipo. En los primeros treinta minutos de juego, se habia caido patas arriba y se levantó como si nada a seguir jugando, se había chocado a velocidad con otros y nada que ver, el siguió en pie, recibió cañonazos como si nada, parecía que su cuerpo era de piedra e inmune al dolor.
Manuel era el jefe producción de la empresa, estaba de arquero, era agarrado, gordo y alto, no jugaba tan bien como Víctor... tampoco era buen arquero, pero era osado y se tiraba para agarrar la pelota (aunque no la cogiera). Manuel si sentía dolor, es más, estaba casi sin aire ya, todo sudado y acalorado.
El marcador daba tres a dos a favor de producción y es que casi todos llegaban al arco pero... es que Manuel es el Jefe pues, pásale la bola despacio no más... esa era la voz popular.
Varias veces llegó Carlitos al arco, el zambito bonachón, pero tuvo que pasar la bola despacio no más y Manuel cachaciento cogia la bola como si nada... chessss, las cosas tenían que cambiar en el encuentro deportivo producción versus entregas.
Y lo teníamos ahi, Victor se acercaba al arco, el no trabajaba en la empresa, era necesario un gol, sí, un gol...
¡Víctor!, ¡Víctor!, ¡Víctor!, ¡Víctor!... −gritaba la gente de la tribuna, era el momento− sí, Víctor, eres nuestro héroe...
Manuel miró a Víctor fijamente a los ojos −A ver que vas a hacer− pensó confiado, mientras hacía una sonrisa triunfal chueca y fruncía el ceño.
El chato Víctor ya tenía el ceño fruncido, asi era su cara, corría a toda velocidad con los brazos cerca de los hombros y levantando una polvareda por detrás de el. Analizó la situación y no tenía caso llegar hasta el arco, no tenía caso perder ese gol, el gol soñado, así que todo sería antes de llegar...
Las miradas se cruzaron y no había más que hacer, adelanto la pierna izquierda y la golpeó firme en el cemento mientras la derecha se adelantaba casi curva hasta golpear la pelota con toda sus fuerzas, al toque del empeine, la misma adquiríó una velocidad y potencia semejante a un rayo.
Manuel no percibió nada, sólo una esfera difusa que en microsegundos creció e impactó en su mano izquierda... la pelota lo golpeó con tal fuerza que parecía un momento de flash, después del cual, solo pudo ver su mano dando vueltas como una matraca, seguida de un dolor intenso luego del impacto...

La pelota siguió su trayectoria y terminó en las redes del arco, manteniendo su altura y girando velozmente hasta perder potencia y caer solita...
− ¡Goooooool!, ¡Goooooool!, gritaban todos de tribuna, era la celebración de la barra de entregas, estaban ahora empatados...
Nadie se percató de la mano torcida de Manuel, sólo el que con una mueca de dolor agitaba la mano para aliviar un poco los hincones contínuos que lo asaltarían desde ese momento...
Pero la batalla continúa, apenas eran treinta minutos de sesenta que habían alquilado la canchita y no había marcha atrás. Era evidente que la mano estaba sino rota, dislocada y Manuel, podía sentir dolor, pero no era cobarde, asi que con la mano derecha y tomando un poco de aire, tiró de la izquierda para acomodarse los huesos y seguir jugando.
No hubo ganadores, el marcador quedó empatado y esa tarde fue de Gloria, si, de Gloria, la dueña de la cevichería que los atendió luego del partido, tomaron sus chelas y cada uno se fue a su casa, Víctor con la tranquilidad de haber cumplido y Manuel, con una mano hinchada, sin saber aún que estaba rota, pero contento de haber juntado a su gente en un evento asi para olvidar por un momento las tensiones del trabajo...

Una tarde deportiva

No todo en la vida es trabajo, no todo es orden y acato, no todo es continuar en la marcha alimentando la maquina y el proceso productivo. El trabajo es una obligación, hasta un derecho, pero esto no quiere decir que debemos estar metidos de cabeza en el, olvidando los vínculos personales y la satisfacción que se desprende de ello.
Esta es la historia de una mano, mi mano, que por designio del destino paso por una prueba muy dura y dejenme decirles que no fue para aprender lección alguna.
Por suerte y buenaventura, la relación que llevo con los muchachos que trabajan en la empresa es buena y mas allá del ámbito laboral esta el personal. Así que uno de ellos sugirió un partidito como para relajarse antes del fin de semana largo de octubre y todos al unísono dimos la aprobación. 
Era la primera vez desde que se formó la empresa que nos enfrentaríamos en un juego deportivo. Se separo la canchita de loza municipal, con las justitas por que ya no había cupo y solo pudimos alquilar una horita, nos iba a quedar chico el partidito…
Asi fue que el sábado siguiente, el último sábado de octubre, un sábado fatídico y mortal que estoy seguro ser el único que no lo olvidó, estuvimos todos ahi, diez calichines en la loza deportiva dispuestos a demostrar de que material estábamos hechos, producción vs. acabados, el partido del año...
Los cracks del año empezaron a mover la bola a lo largo de la cancha, el problema era que nadie sabía cual era su equipo (no teníamos camisetas), algunos se equivocaban de arco, otros le pasaban la bola al equipo contrario, a otros les rebotaba la pelota a la mano y la cogían, cosa de locos... algunos, como yo, a pesar de estar en el arco, apoyando las manos en las rodillas nos inclinábamos con la lengua afuera exhaustos a los primeros quince minutos... ¡que roche!
Es que nuestra vida es sedentaria pues y el ejercicio matutino es algo que hemos dejado de lado como algo secundario y miren, se vieron los resultados en un partidito asi.
Adiós los sueños de gloria deportiva, nada que ver con Super campeones o Shaolin Soccer, no señor, nuestra realidad era otra... lo bueno fue que pasamos una bonita tarde, con cevichito y chelita, bueno, a excepción de lo que le pasó a mi mano, historia aparte que cuento a continuación en el siguiente post.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Garúa de verano

Por la tardecita nos sorprendió una ligera lluvia de primavera. Uno se pregunta jovialmente por que habrá estas sorpresas climáticas, además la lluviecita vino acompañado con un calorcito que me hizo recordar el pasito que me di por Tarapoto hace unos meses. En fin, esperemos que estos cambios repentinos no nos sorprendan ligeros de ropa cuando hace frío o recontraabrigados cuando hace calor…



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Diario de viaje: Día 9

Llegamos a Cusco a la una y cuarenta de la madrugada, mi idea era ir al terminal y dormir ahí a esperar el bus que sale a las cinco de la ma...

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