domingo, 23 de enero de 2011

Iquitos: día uno

El primer día, llegamos como a media mañana al aeropuerto, a diferencia de Tarapoto, aquí el sol no te fríe la piel, aquí el ambiente es caliente y te pega de frente con el viento, se siente el bochorno al toque y, no hay de que avergonzarse, el que no esta acostumbrado, suda, y yo, que soy ligeramente robusto pues, un poquito mas, hasta mojar medio polo.
Nos recogieron para llevarnos al hotel, el Dorado "chico", así le conocen ya que esta el Dorado "grande" en la plaza de armas que es cinco estrellas, moderno y bacán, sobre todo por la piscina.
Sin embargo, a pesar que el hotel es acogedor y el personal te atiende muy bien, tiene sus cositas, empezando por los cuartos, nos dieron unos cuartos en el primer piso, que tenían un penetrante olor a humedad que se te metia por las narices, el baño era bien chiquito y el cuarto no tenía ventanas. Luego nos cruzamos con un animalito del bosque que estaba paseando por la piscina, eso no tendría nada de malo de ser un majaz, un ronsoco o hasta un maquisapa, pero no señores, se trataba nada mas y nada menos que de una criollísima rataza que parece que vivía bien en este hotel por que estaba grandaza. Y eso que el hotel es tres estrellas, con bonitas instalaciones, aire acondicionado en las habitaciones, friobar y cable, conexión wifi, internet, restaurante, piscina (ya lo había dicho), en fin, tiene todo lo que uno necesita, pero la rata grandaza no creo que sea una necesidad para mi.
Ya instalados en el hotel, la primera pregunta fue: ¿Donde almorzamos ahora? Preguntamos en recepción y nos dieron un dato buenazo: al frío y al fuego…
Sin mas ni mas tomamos una mototaxi (transporte por excelencia aquí que cobra entre dos y cuatro soles dependiendo del destino) y nos fuimos en pos de nuestro richi (por que la hora del richi es sagrada). Resulta que es un restaurante flotante que se encuentra en medio del río Amazonas hacia el cual vas solo en lancha (aclaro que el transporte es gratis y lo pone el restaurante), este restaurante tiene una vista excelente, además tiene una pequeña piscina donde uno se puede bañar, los dos únicos detalles son que, salvo el agua de Cocona y el Mixto Regional, no hay platos regionales siendo casi todo a la parrilla. Es agradable aún así almorzar aquí, con la vista hermosa, el airecito fresco del río y la atención excelente. Ah, me olvidaba del otro detalle y es que casi todo cuesta un ojo de la cara aunque sea una simple ensalada, así que hay que ir preparados con nuestros soles y si son billetes, mejor.
Ya relajados nos regresamos en lancha y queríamos ver y comer el famoso suri, vivito y coleando, preguntando y preguntando, nos dijeron que podríamos encontrar en el mercado de Bellavista eso y mucho mas. Otra vez en mototaxi nos fuimos al mercado de Bellavista y, efectivamente, encontramos de todo, empezando por los refrescos de Cocona, Piña y Aguaje (aguajina). Encontramos también las frutas que son las mismas de los refrescos, además de la uvilla, que es como una uva grande, de la misma textura y sabor, con una única pepa del tamaño de una cancha criolla pero con la sorpresa que es viscosa y le quita un poco el gusto a esta fruta. El ají charapita es un tema aparte, son unos ajicitos de menos de cinco milímetros de diámetro, eso si, no los juzguen por su tamaño, no señor, si han probado el pipí de mono (ají de nuestro condecorado cebiche), haciendo la comparación, este pica como cien veces mas, con decirles que te deja la lengua con un ardor terrible como si te la hubieran pelado y si te la pasas... te compadezco. También hay plátano maduro, pescado fresco de río, Tucumare, Gamitana, entro otros. Las tías de la zona venden el pescado recién salidito del río Amazonas a la parrilla, carne de lagarto, plátano maduro, mas allá te venden huevos de Taricaya (tortuga) en su propio aceite (que sabe horrible) y, por fin, el famoso suri en brochetas o vivo, según quiera el comensal. El suri es un gusano regordete y grasoso que vive en los arboles caídos del aguaje en medio de la selva. Esta vez, el comensal era yo, que, curioso y frustrado desde Tarapoto, deseaba saber a que sabia este gusanito tan peculiar. Ya en el mercado de Bellavista y con una linda charapa de vendedora de suris, quise empujarme uno vivo al mismo estilo de Bear Grylls en Zambia, pero al verlo todo embadurnado en residuos del árbol podrido del aguaje, que, imagino, estaba mezclado con sus propias materias fecales, por temor a pescar alguna infección estomacal, decidí comerme unas brochetitas, ligeritas para quitarle la curiosidad acerca de su sabor. Resulta que las charapitas solo los ensartan en los palitos tipo anticucho y lo ponen de frente a las brasas, sin mas ni mas, sin condimento ni aderezo, al natural, por lo que, lo que podría tener un sabor especifico, termina siendo una comida con textura a queso edam, sin sabor a queso edam, mas bien como si se comiera una bolsa plástica o un chicle digerible… algo así.
Luego de esta aventura, regresamos al hotel y nos dormimos a pierna suelta toda la tarde, algo común en personas que se pasan a cien por hora, las dieciséis horas al día, seis veces por semana, sin descanso ni consideración de los clientes que no entienden que el domingo es día de descanso y que VACACIONES se escribe en mayúsculas. Por suerte en Iquitos no hay señal de Nextel, lo que nos hizo el descanso mas relajado y la señal de Claro (que se jacta de su cobertura a nivel nacional) se perdía a cada rato.
Despertamos como a las siete de la noche y con las tripas sonando nos fuimos en pos de mas richi para saciar el hambrecita, hambre que paramos con un delicioso chicharrón de lagarto y un refrescante jugo de Camucamu en nada mas y nada menos que en el restaurante "la cafetería del Amazonas" del segundo piso de "la casa de fierro", como su nombre lo dice, hecha totalmente de fierro y diseñada por el mismísimo Gustave Eiffel, si, el mismo de la torre.
Pero que dijeron, de aquí se fueron a dormir, no señor, ya teníamos nuestras entradas para el Noanoa, la discoteca popular de Iquitos por estos días, lo maximo, donde recibimos el nuevo año como se merece y donde bailamos y celebramos rodeados de payasos, arlequines, bailarines con zancos, maripositas, globos, matracas, serpentinas, charapitas y mas charapitas.

Luego de eso, a dormir por que nos venían a recoger temprano para ir al albergue por los tres días siguientes…
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