jueves, 28 de julio de 2011

De paseo por Ica (Dia uno)

Con todo el caos e incertidumbre en Lima por el cambio de mando y toda la jarana, algo estresado por la chamba, agobiado por una gripe interminable y el martirio indescriptible de convivir con mi flaca, partí a Ica el día de fiestas patrias, veintiocho de julio, a Ica, paradójicamente a conocer esos lares por donde mi pata José De San Martin se inspiro en las Parihuanas para crear nuestra primera bandera nacional.
Salir de Lima, desde ya, es algo relajante, los paisajes de nuestro Perú siempre cautivan, siempre relajan y sorprenden, mas aún a una persona como yo, ávido de conocer lugares nuevos para recrearme el cerebro y grabar en mis archivos de viajes nuevas experiencias y sensaciones.
Saliendo de Lima, pasando el kilometro ochenta, el solcito nos hace notar su presencia y se le agradece ya que la lluvia y el frío de todos los días ya aburre.
A cuatro horas de Lima, por el kilometro trescientos y tantos de la Panamericana Sur, llegamos a Ica. Lo primero que uno disfruta al llegar por estas tierras sureñas es el calorcito que calienta la piel tan rico que nada hace extrañar el frío invernal limeño. Y ya estamos aqui, el airecito cálido y fresco se mete en mis pulmones y alivia los estragos de una interminable gripe, por fin me curé.
La gente es muy amable y dispuesta siempre a ayudar, que mejor guia que su gente, preguntas algo y varias personas te responden, donde quieras ir, alguien te podrá ayudar y estara dispuesto a contarte sus historias.
Nosotros llegamos como a las cuatro de la tarde y, a pesar del almuerzo en el bus (que por cierto fue bieeeeeeen misio), llegamos con un hambre de los mil demonios, asi que, despues de hospedarnos en "El Embrujo", un telo un poco alejado del centro pero acogedor, previo baño salimos corriendo a buscar un buen plato típico para saciar nuestras tripas.
Hablando del hotel, es un hotel dos estrellas, pero es bacancito, es nuevo, espacioso, aseado, tiene piscina, cable y vista por un lado a la avenida y por el otro, las dunas del desierto a lo lejos.
Pero bueno, siguiendo con la busqueda de nuestro alimento por este dia, tomamos un taxi al centro, aqui te cobran cuatro soles a cualquier destino. El taxista nos dejo en el restaurante "El Galindo", pero al parecer no atendian por que mesas y sillas estaban arrumadas a un lado, asi que preguntando y preguntando, llegamos a "El Galindo II", pero en sus pizarras no habia huella de comida tipica, decidimos buscar un poco mas y encontramos el restaurante "La Cabaña de …" que ofrecia comida criolla y en su carta habia comida tipica, aunque por la hora solo encontramos Carapulcra con Sopa seca y todos al unisono dijimos ¡pa' lante!, nos sentamos y nos sirvieron inmediatamente un plato enorme del típico plato que por no decir mas, dire que estaba exquisito, dejando de lado el que estabamos muertos de hambre, nos lo empujamos en un abrir y cerrar de ojos, dejando en el plato solo los huesos calatos del pollo y los cubiertos y si no le pasamos la lengua al plato fue por dignidad por que ganas no nos faltaron.




Despues de saciar nuestra hambrienta necesidad, dimos un paseo por la plaza de armas y descubrimos centros comerciales y tiendas mismo centro miraflorino, ademas de bodeguitas de Pisco y vinos de la región.
Nos cayo la noche y regresamos al hotel, mañana es otro día, nos toca el city tour, conoceremos mejor la ciudad y espero tener mayor suerte con el richi.
Hasta mañana.

Vea también De paseo por Ica (Dia dos)

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sábado, 2 de julio de 2011

Voy a matar mi vaca

¿Conocen la historia de la vaca?, ¿no?, se las voy a contar tal como yo la escuche…
Resulta que un maestro quería enseñar a su discípulo acerca de la mediocridad y sus consecuencias y, como su discípulo era medio taba, decidió hacerlo vivencialmente. Para ello le dijo a su discípulo que irían a un pueblo lejano y que pasarían la noche en una casa ahi. Sin mas, emprendieron la marcha y al caer la tarde, despues de mucho caminar, se encontraron en un pueblito muy pobre y entre todas las casas, había una que resaltaba por ser la peor, era pequeña, se mantenía apenas pues parecía desplomarse y el techo se caía a pedazos, sin embargo, en esta casa vivían ocho personas, vestían ropas viejas y no tenían comodidades pues vivían rodeados de basura. Pero el discípulo frente a este triste cuadro, pudo ver, en la misma propiedad, una vaca flacuchenta amarrada del cuello a la propiedad.
El dueño de casa los recibió y les dío posada por esa noche. El discípulo preguntó a su maestro el porque de la vaca y el maestro respondió que era la única de sus pertenencias con valor, que ellos vivían de la poca leche que les podía dar la vaca y con ello se conformaban por el resto del día, que no tenían otro sustento y tampoco les preocupaba...
Pasaron la noche en esta casa y en la mañana, muy temprano, el maestro despertó a su discípulo, era hora de partir, pero antes, pasaron al lado de la vaca y el maestro, sacando una filosa cuchilla le dio un corte mortal.
El discípulo totalmente consternado cuestionó la acción de su maestro ya que al matar a la vaca, dejaba en la ruina total a estas personas. El maestro solo respondió que con el tiempo, lo entendería... y se fueron.
Un año después...
El tiempo había pasado y el discípulo aún no podía perdonarse el ser cómplice de tremenda maldad, recordaba todos los días lo que había hecho su maestro, por ello, cuando su maestro le dijo que regresarían al mismo pueblo, a la misma casa, a visitar a las mismas personas, no pudo evitar caer en la más profunda de las tristezas.
Asi se hizo y llegaron al pueblo, sin embargo el discipulo, por más que buscaba la casa, no la pudo ubicar, era por que en su lugar había otra casa, construida, con jardines y en mejor estado de la que recordaba.
Pensaba que a lo mejor, las personas que vivían ahí al no tener que comer, habían muerto de hambre o por necesidad tuvieron que irse y otros vivían ahora en esta nueva casa. Grande fue su sorpresa cuando salió a recibirlos el dueño de casa, era el mismo señor del año pasado quien empezó contándoles su historia:
"Cuando se fueron el año pasado, alguien mató a nuestro único sustento, nuestra vaca. Al ver que no teníamos nada que comer, descubrimos que atrás de nuestra casa, había un espacio grande sobre el cual podíamos sembrar unas pocas semillas que encontramos por ahi y asi lo hicimos. Nuestros hijos y yo nos esforzamos al máximo para mantener lo sembrado. El terreno al poco tiempo nos permitió cultivar lo suficiente para vivir y nos sobraba todavía, asi que decidimos vender entre nuestros vecinos y nos fue tan bien que al poco tiempo estábamos vendiendo en el mercado para todo el pueblo. Fue asi que nuestros ingresos aumentaron y podemos ahora sustentar nuestras necesidades y mejorar nuestra casa..."
El maestro entonces explicó a su discípulo el porque de su proceder: estas personas vivían sin desear más de lo que ya tenían, era para ellos suficiente un poco de leche que la vaca les podía dar y en su conformismo, no veían que es lo que podían lograr si ponían un mínimo de esfuerzo, es por eso que, al quitarles esa vaca, les permitio ver más allá de su fracaso, la vaca era la excusa para su mediocridad...

Esa es la historia de la vaca, y es imperioso comprender que a veces olvidamos el sentido de nuestra existencia y nos conformamos con lo que logramos sin esfuerzo, justificando nuestro conformismo aferrandonos a excusas por el temor a fracasar, convenciendonos incluso de que no hay nada que podamos hacer, pero, señores, si no hacemos nada por cambiar las cosas, ya hemos fracasado, tenemos que quitar del frente ese obstáculo que nos impide progresar...
Es por eso que ahora me toco a mi, tengo que dejar todo atras y empezar de nuevo, voy a matar mi vaca…

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Diario de viaje: Día 9

Llegamos a Cusco a la una y cuarenta de la madrugada, mi idea era ir al terminal y dormir ahí a esperar el bus que sale a las cinco de la ma...

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