miércoles, 9 de agosto de 2017

Diario de viaje: día 6

A sus marcas... listos... ¡ya!

Tenía todo listo a las seis de la mañana, faltaban tres horas para empezar la jornada y hoy es el día de recuperación, salí a tomar desayuno, me fui por el mercado a eso de las siete, pero todo estaba cerrado, los pocos puestos de desayuno solo tenían los clásicos caldos de cabeza, caldo blanco, de gallina y segundos contundentes, yo solo quería algo ligero pero no encontré, regrese entonces al restaurante donde cené ayer, el Taypa Moqueguano y pedí un desayuno "moqueguano" (así figura en su carta), que dice así: café, leche o mate, pan de Torata, jugo de naranja (me dieron papaya), bisteck de res, arroz y ensalada de palta... hummmmm que rico!. Aunque a ultimo momento me dijeron que ya no había bisteck de res y que me lo iban a reemplazar por pollo. Me fastidió un poco por qué me gusta lo auténtico, Pero no me puedo quejar, quedo más rico.




Ya era hora: ¡corre Jorge, corre!... llegue a la agencia, nueve en punto y... aún estaba cerrada. Cosas de provincia. Tuvimos que esperar unos minutos para ingresar. Y cuando abrieron, un rayo veloz ingresó de aquí pa'lla a toda velocidad, levantando papeles y desapareciendo en el acto. Cuentan que lo vieron luego camino Ilo. Era yo.

Ya está, ahora camino a Ilo.

Me cobraron trece soles en auto. Y en Ilo apenas estuve de paso, corre que corre que Tacna está más allá... si, con la misma enrumbre a Tacna en auto por veinte soles, aunque me querían cobrar veinticinco, pero siempre hay que regatear.

Llegando a Tacna corre que corre, tenía que acabar y salir a Sicuani, me dijeron que en el terminal de Collasuyo podía encontrar carros con ese rumbo, así que vamos pa'lla. Ya en el terminal empecé la afanosa tarea de buscar movilidad a Sicuani pero ¡nadie iba para allá!, pregunte y pregunte y en eso un pata que estaba parado al lado del baño me hizo ¡psssst!, ¡psssst!... voltee y me dijo que me acerque y como si me pasara una información valiosa, me dijo: ¿vas a Sicuani?, Julsa te lleva papá... así que fui a buscar a Julsa y ¡oh sorpresa!, ahí no había preguntado: ¿vas a Sicuani?; claro pues hijito; ¿cuanto me vale, cuanto me cuesta?; cincuenta soles; ¡¿como?!; lo tomas o lo dejas; ya, dame un pasaje; toma pasajero, a las seis y media en la puerta uno por favor; gracias.

La batería de mi iPhone estaba a punto de morir, como me había olvidado mi cable en la oficina tuve que comprar un cable chanchito y no pasaba nada, o cargaba o no cargaba, era un dilema. Lo deje encargado a Julsa para que vaya cargando.

Faltaba una hora para salir, era momento para comer algo, en el segundo piso del terminal hay restaurantes y me pedí un estofado de cordero que vino acompañado de una deliciosa sopa de pollo calientita y descubrí que las cosas calientitas por estos lares hay que darles curso inmediatamente por qué se enfrían al toooooqueeeeeee...

Ya para salir, la carga de mi iPhone apenas subió dos por ciento, ya me estaba preocupando por qué en Sicuani tenía que tomar fotos de la instalación.

Hacía un frío tremendo y el bus no era la comodidad en absoluto.

En fin, ya camino a Sicuani y a pesar de que era de noche, pude apreciar lo majestuoso de nuestro Perú, las llanuras oscurecidas, las distancias, lo más hermoso para mí son los tramos oscuros, si, puedes ver los cerros, sus sombras en gamas de color negro noche que se anteponen a los arbustos según la distancia, algunos de ellos habitados presumen sus luces como puntos amarillos y blancos...

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