viernes, 11 de agosto de 2017

Diario de viaje: Día 7

¡Jue horrible!, ¡Jue horrible!, mi iPhone se apagó...

Totalmente desconectado: ¡no podía ver el mapa!, ¡no sabía dónde estaba!, ¡no podía hacer seguimiento de la ruta!, ¡no sabia la hora!, ¡no podía tomar fotos del trabajo!, ¡no podía hacer mis reportes!, ¡mis apuntes!, ¡estoy perdido!... ¡nooooooooo!...

Solo quedaba dormir y esperar pacientemente a llegar a Sicuani.

El carro pasó por Moquegua, Puno, Juliaca, Ayaviri y finalmente llegó a Sicuani, es un tramo largo de más de diez horas por lo que a mitad de la noche tuve que ir al baño llegando a Juliaca por que para variar el baño del bus estaba malogrado.

A la faena: ¡Maaaaaaaaammmmbooooo!, tara tara tara UUUuuu, tara tara tara UUUuuu... ¡¡hacia un frío terrible!!... a pesar de haberme abrigado, el frío me hacía encoger y tenía que correr hacia el baño... !pichi, pichi pichi¡... otra vez al bus... ¡que friooooo!, me acurruqué al asiento y ya me dormí hasta el amanecer.

Camino a Sicuani, sabra dios donde por qué estaba desconectado del mundo, el bus hizo una parada y subieron unas vendedoras ofreciendo chicharrón de alpaquita señor, ya a esa hora daba su hambrecita asi que, ¿cuanto está?; tres cincuenta señor; dame uno...

El mayor placer del mundo: viaje en bus mirando el paisaje, praderas verdes, cerros y lomas que entremezclan verdes, amarillos y marrones, de cuando en cuando un pequeño río bajo un puente, yo sentado mirando a través de la ventana, comiendo un delicioso chicharrón de alpaca que vino con chuño, papitas sancochadas y mote... ¡que rico!... es por eso que me gusta mi trabajo, por los pequeños placeres que nos da.

¿A qué hora llegamos?, quien sabe señor, lo primero que hice al llegar a Sicuani fue buscar un enchufe para revivir mi iPhone, habían tomas en todas las columnas del terminal pero nada, el cable chancho que tenía me falló y no cargaba ni aunque le llorara...

Descubrí que aún no eran las nueve cuando llegue al punto y aún no abrían la agencia así que decidí comprar otro cable pero no encontré. El problema era el reporte fotográfico que tenía que enviar.

Se me ocurrió hablar con la "Jack", una chica muy amable en la agencia que accedió a prestarme su celular y luego enviarme las fotos. ¡Gracias!. Si no la besé es por qué tenía que guardar la compostura, ustedes saben, a pesar de todo uno todavía es medio decente, pero quede bastante agradecido con ella.

Con la misma salí y tome mi moto taxi al terrapuerto, de ida no fue mucho tramo, de regreso se hizo más largo, no sé por qué el camino se volvió trocha y descampado... empecé a recordar esas historias de mi abuelo Pancho, de unos patas que se les llama pishtacos, que se llevan a la gente para sacarle la grasa y... bueno, conmigo se sacaba la lotería. Volví a la calma cuando vi el terminal y ¡uf! dije menos mal.

Afuera del terminal tome un bus que me llevo a Cusco por siete soles cincuenta, el único detalle es que se demoró un montón por qué paraba y recogía pasajeros todo el camino y llegue a Cusco como a la una de la tarde y de ahí otra vez la correteadera por la chamba, termine cerca de las siete de la noche, me busque un power bank de 30,000 que me salió baratito nada más, compre agua, me pedí un delicioso Api y al sobre por qué mañana toca Urubamba, Quillabamba y Machupicchu.

Consejo: siempre es bueno mantenerse hidratado, sobre todo cuando se viaja de ruta y no se descansa, así evitas dolores de cabeza y mareos y nunca está de más unas pastillitas de complejo B.

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