lunes, 7 de agosto de 2017

Diario de viaje: día 4

Corre, corre, hoy es el día...

De madrugada, baño con agua helada, verificar equipaje por si acaso, salida del cuarto y rumbo al terminal a recoger mi paquete. 

Empezamos bien. 

Me fui al terminal y antes de todo busque algo para desayunar, pensé en un cafecito con su pancito y su lomito al jugo o un pan con chicharrón, pero al parecer no existe ese tipo de desayuno por el terminal, de desayuno había caldo blanco, caldo de cabeza, caldo de gallina, etc. y cuando pedí café me miraron raro... tuve que tomar un caldero de gallina levanta muertos y al terminal el pata de las encomiendas no encontraba mi paquete. De ahi a recoger mi paquete. 

Me fui al terminal a buscar mi paquetito y me puse nervioso por qué el pata de las encomiendas no lo encontraba, lo busco casi diez minutos y no se de donde saco el pata que era una caja pequeña, cuando le dije que era una caja grande, recién dijo: ah yaaaaaa...

Otra vez retrasado, eran las nueve y media y como pesaba esa caja que me habían mandado, tome un taxi para partir al primer punto y no sé cómo se me ocurre preguntarle por la ruta que iba a llevar y si me podía hacer el servicio de taxi a todos los puntos. Me dio un precio razonable y pa'luego es tarde, vámonos ya que no llegamos. Buena decisión, el tío Juan me hizo todo el recorrido por Arequipa, sin problemas y apoyándome con el material, muy tranquilo el y encima me dio boleta. Le pedí su numero y la próxima vez de hecho que lo voy a llamar. 

El señor Juan me dejo frente al terminal, donde tomas los minivans que salen a Pedregal (¿se acuerdan que no llegue el primer día?) y te cobran ocho soles. 

Antes de partir quise buscar algo que comer pero ya pasaban de las cuatro y no había nada por aquí y nada por allá, tuve que conformarme con una botella de agua de guayaba y unas cachanguitas de soya. 

Fueron casi dos horas de viaje y nos pusieron para el camino la película Pearl Harbor que estaba bien bacan, pero me distrajo del paisaje, cuando me di cuenta, el atardecer de las seis se estaba apoderando de todo al rededor, al frente la carretera negra, a los lados los cerros marrón dorado cenizo, a lo lejos las siluetas oscuras de los árboles y las casas, más allá cómo sombras, los cerros como siluetas fantasmales que se ocultaban bajo el cielo azul ceniciento, en el horizonte el cielo dorado se fundía con un cielo azul cenizo en degradado a oscuridad... los colores se van esfumando y poco a poco va llegando la noche, en los cerros se encienden las luces de las casas, los camiones y carros encienden sus luces, ya solo se ven tonalidades de gris cada una más oscura que se confunden en la oscuridad... Que hermosa experiencia viajar por carretera. 

Llegue a Pedregal a las seis y cuarto, ya no podía hacer mi chamba, ni modo, será mañana y mañana mismo rumbo a Moquegua. 

Llegue al hotel, pague treinta y cinco soles por la noche. Me bañe, me cambie y salí a buscar algo que comer por qué si lo recuerdan, ¡hoy no comí!.

Salí a buscar algo para llenar el buche y habían puros chifas y no están con ganas de chifa, camine un poco y llegue a un mercado, eran como las ocho de la noche y me sorprendió ver actividad a esa hora, es como si el mercado de nuestro barrio recién abriera a esa hora, había bastante gente como si fuera de día. 

Busque algo de comer y solo había mazamorras, anticuchos, emolientes y un plato medio raro que al parecer es común por qué había varios puestos vendiendo el mismo plato, se llama salchipollo y es un pollo empalizado frito, servido sobre una base de tallarines, arroz chaufa y papas fritas y para complementar, trozos de salchicha fritas, acompañadas de cremas al escoger: mayonesa, mostaza, ketchup, ají o aceituna. La verdad, dude bastante para pedir un plato, pero, dado que no había otra opción más que chifa, decidí pedir mi plato. 

La verdad, estuvo muy bueno, yo escogí la salsa de aceituna que me sorprendió que sea aceituna pura molida. Este plato no tiene tan buena pinta pero sabe muy bien, lo recomiendo y solo cuesta seis soles. 



Luego, para bajarla, me tomé un emoliente y vaya que emoliente, me lo sirvieron en un chip gigantesco que parecía un barril, casi no lo acabo. 

Ya con la panza llena, regresó al hotel y a esperar a mañana que es otro día. 

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