La historia de la mano...

El chato Victor se acercaba a toda marcha después de pasar a uno, dos, tres, estaba llegando al arco, pero se dió con la enorme (enorme) sorpresa de que Manuel estaba de arquero, sin embargo, era necesario hacer un gol como sea para empatar y eso y sólo eso estaba en la mente de Víctor, era su misión en ese momento, no había otra razón para vivir, ya había conservado la pelota hasta ese punto y no perdería su oportunidad de gloria, no señor, este era su momento, todas las miradas del equipo de entregas estaban puestas en el, la gente gritaba de las gradas levantando los brazos, su nombre era coreado a viva voz...
Víctor era el conserje del edificio, no trabajaba en la empresa ni tenía nada que ver con ella, la gente de entregas lo invitó al partidito para completar el equipo y ahi estaba el, cumpliendo con su labor encomendada. Era un chato recio y comprometido con su equipo. En los primeros treinta minutos de juego, se habia caido patas arriba y se levantó como si nada a seguir jugando, se había chocado a velocidad con otros y nada que ver, el siguió en pie, recibió cañonazos como si nada, parecía que su cuerpo era de piedra e inmune al dolor.
Manuel era el jefe producción de la empresa, estaba de arquero, era agarrado, gordo y alto, no jugaba tan bien como Víctor... tampoco era buen arquero, pero era osado y se tiraba para agarrar la pelota (aunque no la cogiera). Manuel si sentía dolor, es más, estaba casi sin aire ya, todo sudado y acalorado.
El marcador daba tres a dos a favor de producción y es que casi todos llegaban al arco pero... es que Manuel es el Jefe pues, pásale la bola despacio no más... esa era la voz popular.
Varias veces llegó Carlitos al arco, el zambito bonachón, pero tuvo que pasar la bola despacio no más y Manuel cachaciento cogia la bola como si nada... chessss, las cosas tenían que cambiar en el encuentro deportivo producción versus entregas.
Y lo teníamos ahi, Victor se acercaba al arco, el no trabajaba en la empresa, era necesario un gol, sí, un gol...
¡Víctor!, ¡Víctor!, ¡Víctor!, ¡Víctor!... −gritaba la gente de la tribuna, era el momento− sí, Víctor, eres nuestro héroe...
Manuel miró a Víctor fijamente a los ojos −A ver que vas a hacer− pensó confiado, mientras hacía una sonrisa triunfal chueca y fruncía el ceño.
El chato Víctor ya tenía el ceño fruncido, asi era su cara, corría a toda velocidad con los brazos cerca de los hombros y levantando una polvareda por detrás de el. Analizó la situación y no tenía caso llegar hasta el arco, no tenía caso perder ese gol, el gol soñado, así que todo sería antes de llegar...
Las miradas se cruzaron y no había más que hacer, adelanto la pierna izquierda y la golpeó firme en el cemento mientras la derecha se adelantaba casi curva hasta golpear la pelota con toda sus fuerzas, al toque del empeine, la misma adquiríó una velocidad y potencia semejante a un rayo.
Manuel no percibió nada, sólo una esfera difusa que en microsegundos creció e impactó en su mano izquierda... la pelota lo golpeó con tal fuerza que parecía un momento de flash, después del cual, solo pudo ver su mano dando vueltas como una matraca, seguida de un dolor intenso luego del impacto...

La pelota siguió su trayectoria y terminó en las redes del arco, manteniendo su altura y girando velozmente hasta perder potencia y caer solita...
− ¡Goooooool!, ¡Goooooool!, gritaban todos de tribuna, era la celebración de la barra de entregas, estaban ahora empatados...
Nadie se percató de la mano torcida de Manuel, sólo el que con una mueca de dolor agitaba la mano para aliviar un poco los hincones contínuos que lo asaltarían desde ese momento...
Pero la batalla continúa, apenas eran treinta minutos de sesenta que habían alquilado la canchita y no había marcha atrás. Era evidente que la mano estaba sino rota, dislocada y Manuel, podía sentir dolor, pero no era cobarde, asi que con la mano derecha y tomando un poco de aire, tiró de la izquierda para acomodarse los huesos y seguir jugando.
No hubo ganadores, el marcador quedó empatado y esa tarde fue de Gloria, si, de Gloria, la dueña de la cevichería que los atendió luego del partido, tomaron sus chelas y cada uno se fue a su casa, Víctor con la tranquilidad de haber cumplido y Manuel, con una mano hinchada, sin saber aún que estaba rota, pero contento de haber juntado a su gente en un evento asi para olvidar por un momento las tensiones del trabajo...

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