viernes, 16 de agosto de 2013

Iquitos XIII

Después de cuatro años de sol a luna y de luna a sol, rajandome el lomo para que todo vaya viento en popa en la empresa dije... ¡No!, necesitaba un descanso y para mi placer, me lo dieron.
Y llegó la tan soñada semana de descanso, mis planes incluían dormir hasta el medio día, levantarme, "desayunalmorzar" y tirarme en mi sillón a ver televisión toda la tarde, estirar todos los músculos, en la noche cenar algo ligero y al sobre, no pensaba en nada mas, solo quería relajarme.
Sin embargo, eso sólo duró el primer día, al segundo día como que el encanto se pierde, la gracia también y simplemente estaba aburrido, al tercer día ya quería regresar a trabajar pero... ¡No!, ¡otra vez no!, no podía darme por vencido asi nada más, tenía que aprovechar mi descanzo o morir en el intento. Fue cuando se me ocurrió la grandiosa idea de viajar, ¡si!, era la mejor opción.
Ahora... ¿a donde?. Donde puede ir un ser como yo, libre y silvestre, inocente y puro, sin malicia y colmado de inocencia... pues, a donde mas si no a Iquitos.
Ni pensarlo más, en un dia tuve que planificar mi fin de semana (por que media semana ya se había ido), encontré los pasajes de avión mas caros que alguna vez pagué (por la falta de anticipación) y simplemente me fui a la aventura... Iquitos: ¡ahi te voy!.
Pero a mi flaca no le hizo gracia que me fuera solo, solito, solano, casi le da un patatuz, estaba toda molesta y cruzada de brazos me dió la espalda asada, claro, antes me giró la cara como diciendo mira, mira, toy asaa, mira, mira como hago mi piecito, contra el piso.. pero que puedo hacer, la decisión estaba tomada, y, toda jetona, tuvo que escuchar cuando le decía adiós... chau mi amor. Además, eso de que las mujeres dicen no cuando dicen si y al reves, algo tendrá de cierto, yo sé que en el fondo ella quería mi bienestar. Asi que, arriesgando cuchumil cuchucientos años de relación admirable y envidiable, me fui con mi mochila al hombro, mis lentes Kino de hace diez mil años, despreocupado y con poco presupuesto, pero ansioso y listo para sobrevivir "de la selva su encanto".
Ya conocia Iquitos, fui con mi flaca hace como dos años, asi que no me iba a ciegas, mas o menos conocía la ciudad.
Como estaba sin presupuesto (bueno, tampoco misio), y ya que el pasaje de avíon me costó un ojo, no quería empeñar o perder el otro ojo, así que tenía que gastar lo menos posible. 
Ya en el aeropuerto quise colgarme a algun wifi, pero todas estaban saturadas y no tuve mucha suerte mientras tomaba un cafecito.
En el avión me tocó sentarme al lado de dos gringuitas encantadoras, si, ambas ya estaban en base cinco y cuando me vieron llegar hicieron el archiconocido sonido acompañado de una mueca de preocupación: ¡Oh, oh!, lo que me causo mucha gracía, supongo que porque me vieron entradito en carnes y esa expresión sólo podía significar algo: ¿y ahora como va a entrar este gordito? (me tocaba al lado de la ventana). Bueno, a mi ninguna viejita me iba a quitar mi sitio y aunque les doliera en los huesos pararse o aunque las aplaste, tenía que pasar a mi sitio. Por suerte los asientos del avión son amplios y cómodos y no hubo problema, además las abuelitas eran medio coquetonas, pero aún con mi inglés masticado y su imposible castellano, no fue posible tener una conversación decente, asi que, busqué en mi ibook y me puse a leer la hora y media que duró el vuelo.
A esto sólo quiero agregar que es importante escuchar las instrucciones de salvataje antes del vuelo, así como en el carro el cinturón de seguridad te puede salvar la vida, tomar ciertas consideraciones podrían ser la diferencia entre la vida y la muerte en caso que explote una turbina y que el avión simplemente se caiga del cielo, en medio del mar, choquemos con otro avión o simplemente haya serpientes en el avión como en la película.
Ya con el avíon en el aire, uno se da cuenta de la nube de contaminación que cubre Lima, la ciudad capital y cuando el avión atravieza las nubes, la real claridad del sol simplemente te ciega y es ahi cuando comprendes que son esas nubes grises las que nos tienen cojudos. Por eso, en la medida de lo posible, salir de vez en cuando y respirar otros aires es bueno.
Ya en iquitos, donde los rayos del sol no queman sino pican rico en la piel, ya bajando del avión uno se siente renovado, el aire simplemente se te mete en los pulmones y aunque no quieras, en un proceso salvaje y placentero se te limpian hasta los alveolos. 
Renovandome poco a poco me preguntaba: ¿y ahora?, ¿a donde voy?, por suerte en el aeropuerto siempre hay una caseta de información turística y, dejenme decirles que son lo máximo, te dicen desde donde te puedes hospedar a cualquier precio hasta donde puedes ir, te dan el mapa de la ciudad, la lista de hoteles y todo gratis, asi que no se pueden perder ni de vainas.
Escogí un hotel barato, de treinta soles, el presupuesto señores. En el aeropuerto los mototaxistas te cobran diez soles para ir hasta a la plaza de armas, aunque (como descubri después), no es necesario gastar tanto, afuera del aeropuerto pasa un bus que te lleva hasta la plaza de armas y sigue hasta bellavista y todo por un sol (checa que ahi ya te ahorras nueve soles). Yo no sabía esto, asi que tomé la mototaxi y preguntando al chofer desistí del hotel barato ya que no tenía ni ventilador y, como entenderán, con el ambiente caluroso de Iquitos, es necesario y mínimo contar con uno. Terminé en un hotel tres estrellas, con wifi, cable, aire acondicionado, baño interior, desayuno incluído y ambiente acogedor con vista al río Itaya, dandole una cachetada a mi presupuesto...

Pero no me arrepiento, el hotel Safari es una buena opción, la atención es buena, es muy acogedor y las recepcionistas son riquichichichimas... ¡ejem!, como decía, hay para todos los precios y comodidades.

Aunque, saliendo del aeropuerto, don Juan (el mototaxista), me recomendo varios hoteles, decidi ir al Safari por la particularidad en la pronunciación del don mototaxista, el me decía: "el sajuari es bueno", "el sajuari esto", "el sajuari lo otro". Por mas que buscaba yo en la lista de hoteles que me dieron en el aeropuerto no lo encontraba y la curiosidad me llevo hasta ese hotel que termino siendo el hotel "SAFARI". Es que los charapas hablan asi, la efe la pronuncian como "ejue", por eso safari, sonaba "sajuari". Me quise reir recordando al "Juelix" de "al fondo hay sitio", pero no quise que don Juan pensara que me burlaba de el.
Después de un refrescante baño, a pasear por el mirador bajo el sol de media tarde que quema rico y al menos a mi, me caía agradablemente.
Iquitos es una ciudad de gente cálida y servicial, hermosas mujeres y lindos parajes para visitar, la comida regional es deliciosa, si quieres conocer los alrededores puedes ir a Bellavista o Belén y podrás pasear en balsa o lancha por el río o ir a comer a restaurantes flotantes, conocer albergues de animales, cobran desde cinco soles por persona dependiendo de la distancia, aunque, si quieres despreocuparte, puedes contratar un full day en las agencias que abundan en la plaza de armas y en el malecón, ellos te arman un paquete que incluye movilidad, hospedaje y almuerzo en lodges que abundan y como siempre, para todos los precios. Se puede ir al Serpentario donde se puede ver y cargar a los perezozos (conocidos en la zona como pelejos), las tortugas (llamadas "magaly medina" por que tienen la sonrisa de oreja a oreja) y por último las anacondas que dan miedo con su sola presencia y por que cuando estuve ahí emitían un silbido que te ponía la piel de gallina y hasta al guía se "nervioseaba". En este albergue de animales y en los similares que hay por la zona, a pesar de tener enjaulados a los animales, se ayuda a preservar las especies ya que, estos animales, son rescatados de manos inescrupulosas que los venden como mascotas o los encuentran heridos o enfermos en la propia naturaleza. Luego de un periodo de cura y adaptación que no excede de tres meses, los sueltan nuevamente en su ambiente. Para poder costear su estadía es que los exhiben al público cobrando un precio simbólico de cinco nuevos soles que es nada para el grato momento que puede uno pasar cargando un mono o una anacondita de cuatro metritos.  



En el mercado de Belén venden de todo, desde tragos exóticos, grasa de boa, medicinas naturales, hasta cabezas y carne de tortuga para un rico caldo, carne de lagarto, Suri, todo tipo de pescados de río, refrescos heladitos de frutas regionales como Camu camu, Aguaje, Ungurahui, Cocona y el Mazato hecho de Yuca. Aquí me empuje un Suri, ese regordete gusanito que venden para comer vivo o en brochetas tipo anticucho y, la verdad, no es tan desagradable, se siente como una mazamorrita dulcete, la piel es dura y sabe como a cartón (lecciones de supervivencia de mi pata Bear Grylls).
Si nos gusta la Cecina o el Chorizo regional, lo podemos comprar en la cooperativa de Belén, ahi hay varios puestos de venta, pero pregunten por "la lunareja", ella te atiende bien bacán, te embala las cosas en hojas de Bijao para que no se malogre en tu viaje y encima cobra lo justo.

En Bellavista, también encontramos los refrescos regionales, pescados a la parrilla, tacacho con cecina, Juanes de arroz y de yuca, huevos de lagarto, frutas de la zona, pescados, semillas de Macambo, también Suri. Aqui comi en el restaurante los Cocos, comida regional, se me antojó una Patarashca, que no estaba en la carta, igual la pedí, pero es diferente a la que comí a Tarapoto, aqui es más rústica. Mi Patarashca de Sabalo terminó convirtiéndose en un problema por que este pescado tiene cualquier cantidad de espinas y puede llegar a ser peligroso para una persona que no tiene paciencia. A mi la comida no me gana asi que el Sábalo quedó puro espinazo, cabeza y espinas. Acompañe mi Sábalo con un "veintiun raíces Sour" (que a pesar de tener sabor a té de cómoda de la abuela, me agrado), una Cuzqueña bien heladita, musica regional (aquí se llama regional a todo lo local) y el paisaje relajante desde esta especie de terraza-mirador a orillas del río Nanay .
Por la plaza de armas está el restaurante Ari's que es un restaurante veinticuatro horas con comida para todos los gustos, siendo su particularidad que venden agüita de coco heladita en el mismo Coco. En la calle Putumayo, al costado de la Casa de Fierro, está el Yellow Rose of Texas, restaurante de un colorado buena gente que te hace sentir como en casa, las chicas son muy atentas y coquetonas, una de ellas me etendió tan bien que me hizo querer más a la ciudad de Iquitos (es más, pienso regresar) me sirvió un Lagarto a la plancha con yuquita y aji de cocona, agüita de Camu camu y un delicioso "Amanecer Loretano" (un trago)... hummmmm, ¡una delicia!. También hay varios restaurantes en el malecón Tarapacá para todos los gustos y placeres. Hay muy pocas tiendas, pero por la cuadra cuatro de la avenida Próspero hay un supermercado que vende de todo, aqui también consigues en conserva ese ajicito amarillito tan particular de la zona, el ají charapita que recomiendo no subestimar por que este ají no pica, arde, por favor tengan cuidado.
El segundo día, me animé por un paseito por la selva, en la agencia me dijeron que debía usar botas, pero como no me las dieron, no le di importancia, yo tenia puestos unos zapatos livianos, seguimos así nada más, sin embargo, aconsejo usarlas y exigirlas si usan calzado liviano o sandalias (¡sandalias!, ¡ay diosito!, ¡mamacha cocharcas!) porque hay cada bicho... no sólo arañas y hormigas grandes. Lo que me paso fue que se me subió una hormiga patuda que parecia araña, me picó en el empeine y que rico ardia, me dejo una bolita de cinco milímetros de diametro y se enrojecio al rededor como dos centimetros de diametro, el ardor era soportable, nada de que preocuparse y fue desapareciendo progresivamente al cabo de veinte minutos. Cuando sentí el piquete, instintivamente le tiré un lapo al bicho y le dije despreocupadamente al guía que me había picado una "arañita", el guía en cambio puso una cara de preocupación que me hizo tomar conciencia de lo grave que podía ser la situación: estaba en medio de la selva y me pudo picar cualquier bicho ponzoñoso y mortal. Me pregunto por la araña, para mi suerte, la hormiga que a mi me parecía araña se estaba moviendo vivita y coleando unas hojas mas allá, el guía la vio y me dijo que era una hormiga de la familia de las hormigas "cabezonas" guerreras y que no era lo suficientemente "letal" para los humanos, de suerte -me dijo- que no te picaron esas hormigas grandes cabezonas, entonces mire a los lados de mis zapatos ligeros -ah ya- dije -¿y de que color son?- pregunté -son cremosas y tienen los colmillos negros filudos como agujas...- y mostrando los talones de uno de mis zapatos le dije: ¿cómo estas?... ¡Si, como esas!. Fue gracioso, el guía me dijo que no me moviera y con las manos empezó a arrancar como siete hormigotas en total que se me habían prendido, a las plantillas de mis zapatos y una más que ya casito me subía por el talón, por suerte, no llegaron a morderme en la piel por que esos colmillazos hubiesen llegado hasta el hueso y de seguro me hubieran dejado cojeando e hinchadazo de pies y hoy estaría con las cicatrices de semejantes hipodérmicas. En ese momento de lucidez, me di cuenta que estaba en medio de la selva, en un habitat extraño, vi el suelo y había bichos de todo tipo y unas hormigazas que caminaban en fila india por todos lados, ¡asumare!, salir corriendo no era una opción y si no me tire a los brazos del guía para que me cargara fue por que me las aguante como los machos, más aún cuando paso un chibolo lugareño, una cosa de menos de un metro de altura, llevando no se qué cosa en la cabeza y el mocoso estaba sin zapatos, ¡sin zapatos! y caminaba como sí las huevas. Desde ese momento los bichos salían por aquí y por allá, de todas las clases, rastreros y voladores y todo tenía una explicación: como es temporada de mareas altas, todos los bichos están en plena mudanza... Por eso señores, usen botas y tomen todas sus precauciones.
Después de esa traumática experiencia, después de visitar a una tribu de Boras, toparme con más insectos, un intimidante ciempiés y las explicaciones del guía con cada insecto aparentemente inofensivo con el que nos cruzabamos y que en realidad podían simplemente matarnos, o, en su defecto dejarnos experiencias, marcas y cicatrices como recuerdo de nuestro viaje, después de todo esto, llegó la hora del almuerzo. Llegamos a un lodge donde ya estaba servida la comida, estilo buffet, entre los platos había ensalada de chonta, chicharrón de lagarto, arroz, frijoles, sudado de doncella y para tomar la refrescante aguajina. La comida excelente y aunque todos los que almorzaban, entre turistas y peruanos, me quedaron mirando, repetí el plato... ¡La comida estaba rica carajo!
Para un paseito asi, sugiero llevar cambio de ropa, mi polo termino empapado, mientras viajas en bote el aire te refresca, pero ya detenido en un lugar, Iquitos y el Amazonas te dan con todo su calor, la temperatura es alta y no me quedo otra que sudarme todo el polo con mi hiperhidrosis al tope. 
Después del richi, un descanzo reparador en perezosa no es algo que se deba despreciar, una siestesita, oyendo los sonidos de la naturaleza, las aves, los monos, el follaje, el remanso de las aguas... simplemente relajante, alejado de la ciudad, sin wifi, sin celular... ya gana el sueño... esto es vida. 

Iquitos es un lugar recomendado para la aventura, sitio acogedor de clima cálido que acoge a propios y extraños, si alguna vez llegas aquí, me darás la razón, te sentirás como en casa, te recibirán como a un amigo y te despedirán igual, te tratarán como a un hermano y extrañaras la ciudad como a una madre.

Para terminar, el último día, almuerzo a orillas del río Nanay, en el restaurante Palmeras, un cevichito de doncella, una cuzqueña heladota y una vista privilegiada del atardecer...

Hasta el próximo viaje.


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