Iguazú, Brasil

Todo empezó, como jugando...
Si, todo fue un día en que hablando con mi flaca y recordando (por que recordar es volver a vivir) los lugares que visitamos, solos y juntos de todo el Perú, asombrándonos aún de la magnificencia de algunos paisajes, de la quietud de otros, de la magia y virtud de algunos lugares que al combinar clima, personas, lugares y actividades, simplemente dejaron huella en nosotros.
Asi que empezamos a hablar de salir de Perú, por que en cierta medida, la frase de “conoce el Perú primero”, para nosotros ya estaba el compromiso cumplido en gran medida.
Listo, eso fue todo, la inevitable pregunta… ¿a donde vamos?
La respuesta fue difícil, teníamos muchos destinos en mente y fueron saliendo uno a uno: Marte, Plutón, Vulcano o Endor, pero decidimos visitar algun punto cercano aqui en la tierra, escogimos Brasil, pensando inevitablemente en las cataratas de Iguazú.
Ya teniamos el destino, nos miramos las caras y dijimos ¿que hacemos?, ya pues agenciazo nada más, por ser nuestra primera vez fuera de Perú, no nos arriegabamos a ir de mochileros y queriamos ir y relajarnos sin preocupaciones.
Ya, telefonazo, justo mi amiga maneja una agencia de viajes y la llame para que me ayude con eso. Colgué el teléfono, todo listo y solo nos quedaba esperar la fecha.
El dia del viaje, estuvimos como siempre en el aeropuerto, puntualitos y felices, pero eso no importa, llegar a Iguazú fue toda una aventura.
Ese dia llegamos por la noche a Iguazú y el clima es parecido a Iquitos o Tarapoto pero menos caluroso, sorprendiendo eso si, el aire frio que corre por la noche.
En el aeropuerto de Iguazu conocimos a Hilton (como el hotel) nuestro guía en Iguazú y (tengo que decirlo) a una chinchosa compatriota que no dejo de joder y joder a medio mundo hasta el penúltimo día que estuvimos ahí, por suerte nuestro último día lo hicimos, muy a nuestra costumbre aventurándonos en un pais desconocido para nosotros.
Hilton nos llevó a cenar a un buffet de carnes (que llaman rodizio en Iguazu) que nos cayo como anillo al dedo por que estabamos que nos pelabamos de hambre. Fue ahí que conocimos a Miriam y a Pepe, unos paisanos que nos cayeron muy agradables y que nos acompañarian en esta travesía.
Bueno, lleno el estómago, nos llevaron al Hotel que estuvo muy bueno y cómodo, pero que para ser nuevo y moderno, tiene muy poca ventilación… no, no les dire su nombre pero esta en la avenida Chimelfen (o algo así), por lo demas fue un bonito hotel. Llegamos, nos acomodamos y a pesar de ser las nueve de la noche, estábamos ansiosos por conocer la ciudad, pero en recepción nos dijeron que todo cerraba a las seis de la tarde… ¡que va a ser!… oye.. ¡era cierto!, no habian tiendas abiertas, todo cerrado, solo bares y algunos restaurantes… habia un supermercado, el ítalo, pero tambien ya estaba cerrando, caminamos un poquito y llegamos a una farmacia y solo compramos agua. Pero lo que si estaban abiertos eran los bares y como todo perucho, es nuestra mision tomarte una chelita hasta en el fin del mundo, asi que nos tomamos unas chelitas en torre y luego al sobre.
¡Al dia siguiente fue lo emocionante!, nos levantamos tempranito a las seis de la mañana de Iguazú (cuatro de la mañana en Lima, hay dos horas de diferencia), tomamos nuestro desayunito, en teoria Hilton nos recogería a las siete de la mañana pero vino a recogernos como a las ocho… el motivo: todo su grupo eramos peruanos y los peruanos somos desordenados en ese aspecto, la hora en punto por lo general para nosotros lleva desde treinta y cuarenta y cinco minutos de mas… Ya pa’que hacerse bolas, estábamos en Iguazú, asi que desde nuestra salida estabamos concientizados para relajarnos y disfrutar.
Nos llevaron de paseo, chi, chi, chi, en un auto feo chi, chi, chi, pero no me importa, ta, ta , ta, por que estamos en Iguazú, chu, chu chú...
Salimos rumbo al Parque Nacional de Iguazú, por el lado de Brasil, todo bien, antes pasamos por el mercado de artesanías donde no compramos nada por que lo primero que te marea aqui es el cambio de moneda, uno viene de Perú pensando en tipo de cambio entre Soles y Dólares y aqui nos meten los Reales Brasileros, asi que no sabiamos cuanto era en soles lo que eran reales, primero convertiamos reales a dólares, luego dólares a soles… ah ya, está caro… a ver, dólares a reales, de reales a soles… tambien caro… de soles a dólares, de dolares a reales, puede ser… asi era todo lo que involucraba moneda, al menos el primer día. 



Luego aprendimos que es mejor cambiar los dólares a reales y realizar las compras (en su mayoría) en reales brasileros por que el cambio que hacen los vendedores es malisimo y con redondeo si pagas directamente en dolares.
No compramos nada, solo nuestras capuchas de plastico para las cataratas y (error fatal) un vaso de chocolate, que pensé, era como mi chocolate perucho calientito de esquina de barrio que vende la tía Lucha en las frías mañanas de invierno, no, nada que ver, pagué ocho reales brasileros por un vaso de chocolate puro, cremoso y caliente, dulce y amargo, cóctel diabético; no lo pude comer, tuve que tirarlo por lo dulce que era, no por que fuera malo, es más, estoy seguro que con ese vaso pude haber preparado un ollón de leche chocolatada. Ni modo.
Luego del cambio de moneda, la compra del ponchito y el chocolate, ahora si, salimos rumbo al Parque de Iguazú.
La primera vista luego de ingresar, y de una carretera perfectamente asfaltada, al bajar del auto y según las indicaciones de Hilton solo debiamos seguir el camino a la izquierda y disfrutar.
Fue impresionante, las caídas de agua a lo lejos, vegetación, más abajo el correr de las aguas, ruido de las cascadas, gente, mucha gente de todas las partes del mundo y nosotros, felices, muy felices. 
Gracias Paolita. 



Eso no fue todo, luego de eso nos fuimos al parque de las aves que es una especie de albergue para aves rescatadas que permanecen aquí hasta su recuperación, luego son liberadas en su hábitat natural. 



Luego nos fuimos a almorzar, otro buffet de carnes, platillos, frutas y verduras brasileras. 
Aquí aprovechamos para comprar Pesos Argentinos para ingresar a Argentina al día siguiente. 



También nos tocó visitar el parque de dinosaurios y el bar helado... ¡¡¡con bebidas gratis!!!, si que fue una aventura. 
Nos llevaron al hotel, ya de noche, así que salimos a cenar y nada mejor que una feijoada, un tradicional plato brasilero. 



Así culminamos el segundo día en Iguazú. 
El tercer día fue emocionante, nos tocó ingresar a Argentina, previo pago y registro en la frontera con pasaporte incluido, totalmente identificados, como debe ser, nos dejaron ingresar, esta vez para visitar las cataratas por el lado argentino. 
Legamos hasta cierto punto en auto y luego nos transportamos en trenecito hasta el inicio del puente sendero sobre el río Iguazu, conforme avanzamos el murmullo de las aguas se fue convirtiendo poco a poco en rugido. La garganta del diablo es un espectáculo impresionante de caída de agua, brisa, sol, ruido de aguas, gente, emoción... argentinas... seeeee... que bonitas son las argentinas. 



Después de semejante espectáculo, nos tocó regresar para iniciar una un viaje hacia lo mejor de este lado de las cataratas, tanto así que la mayoría de gente dice que si no lo haces, habrás perdido una excelente experiencia: tocar las aguas de la catarata. 
Nuevamente tomamos el tren y conectamos con una especie de mirabus que nos internó en la selva argentina, rumbo a la cima de unas escaleras que bajaba serpenteante hasta las riveras del rio Iguazú donde nos esperaba una lancha. 
Subimos, encendieron motores y listo, nos tocaba una ducha fría y muy emocionante bajo de las cataratas argentinas. 



¡¡¡Fue emocionante!!!
De regreso había que regresar por las escaleras y regresar en mirabus, momento que aprovechamos para almorzar en argentina en un buffet de carnes, que, no se puede negar, reafirma lo que se dice de las carnes argentinas: deliciosas. 
Luego del richi, nos tocó caminata, esta vez haciendo un recorrido por la parte alta de las cataratas. 
 


Como recomendación, siempre es bueno llevar un par de botellas de agua para contrarrestar el calor e hidratarse.
Luego de esto, nos tocó conocer el hito de las tres fronteras desde donde se puede ver los tres países divididos por la unión de los ríos Paraná e Iguazú: Brasil, Argentina y Paraguay. 



Y el día aún no terminaba, todavía faltaba la cereza del pastel: el duty free, que es una especie de tienda de productos libre de impuestos donde podrás conseguir productos a precios rebajados. Recomendación: tener claro que deseas comprar ya que estando ahí, hay tantas cosas que es imposible decidirse: electronica, perfumería, calzado, licores, istore, juguetes, ropa, etc. 
Ya de regreso al hotel, solo nos quedaba otra aventura que no estaba incluida en nuestro itinerario: Paraguay. 
Dentro de nuestro itinerario no estaba incluida la visita a Paraguay y, de querer realizarla, nos cobraban veinticinco dólares adicionales. Días antes ya estábamos averiguando cómo llegar a Paraguay y acerca de las precauciones para cruzar la frontera, específicamente a ciudad del Este, cruzando la frontera desde Brasil. Por internet recomiendan tener cuidado ya que se puede ser víctima de estafas y falsificaciones. El interés general es hacer shopping ya qué hay precios de infarto, de remate, de el gerente se fue de vaca, de black friday, de Gamarra y de cachina, con los respectivos riesgos que ello conlleva. 
A estas alturas del partido, nuestro espíritu aventurero nos hizo confiar en nuestros instintos y decidimos hacer el viaje por nuestra cuenta. 
Y si caen por esos lares, les daré los típs. 
Si. 
Resulta qué hay un bus amarillo que tiene escrito en los laterales bien grande: Ciudad del Este. Ese es. Por cinco reales con cincuenta (dos dólares) nos lleva directo a la frontera, cruza el puente de la Amistad y nos deja en Paraguay donde encontraremos tiendas especializadas de todo tipo. La mayoría de personas nos recomendaban que tengamos cuidado con las imitaciones ya que nos podían dar gato por liebre. En el bus, hicimos conversación con una garotiña muy bonita que nos recomendó algunas tiendas por qué ella trabajó por ahí y sabía dónde comprar con seguridad. Seguimos sus consejos y conseguimos cosas muy interesantes a precios increíbles. 
Nos encontramos con algo muy similar a Gamarra de Lima, con galerías interminables y ambulantes también. Estábamos libres en plaza. Dato: la tienda Elegancia se especializa en perfumes y no les tengo que decir mas sobre los precios, simplemente sorprendentes. 
Después de las compras, el mismo bus nos regresa a Brasil, asi que es fácil ir y venir a ciudad del este de Paraguay a Iguazú. 
De regreso en Iguazú, por la noche nos fuimos a un centro comercial y, estando en un país extranjero, la caminata es un disfrute para nosotros, compramos algunas cosas y regresamos al hotel. 
Cerramos la noche con una sopa de coliflor y salchicha, medio extraña pero deliciosa y un sanguche “peruano”, que de sabor peruano no tenía nada, pero estaba rico. 
Ya el último día que lo teníamos libre, retomamos lazos con Lima y ordenamos algunas cosas, salimos a conocer la ciudad, compramos algunos recuerdos y con algo de nostalgia, nos despedimos de Iguazú. 



Gracias Paolita por ayudarme con este magnífico viaje, fue una experiencia maravillosa, regresamos totalmente relajados, recargados y con dos nuevos amigos: Miriam y Pepe y además, concretando negocios. No pudo ser mejor. 

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