miércoles, 25 de marzo de 2009

La famosa Yunca


Ojo de agua Pumapashimin o Laguna de 7 colores

Era mi primer viaje a Huaraz a vísperas de año nuevo, con family incluida, los preparativos para el viaje empezaron 2 meses atrás, desde la reserva del hotel, el tour de 3 días y la afanosa tarea de empaparse de cultura huarazina para no caer en roche de ignorancia, asi que cuando llego el día, sólo rogaba que pasaran las horas como segundos para por fin llegar a ese lugarcito llamado Huaraz, pueblo andino enclavado en la Cordillera de los Andes, pueblo de personas sencillas y de gran historia.
Llegamos de madrugada, como a las 5:30 a.m., vimos como el sol se asomaba lento por los cerros cubiertos de nubes rojas en un principio y luego, poco a poco iluminadas por el sol, de un blanco destellante que empañaba la vista.
En el terrapuerto tomamos un taxi al hotel y, lo primero es lo primero...
– ¿señor: cuales son las comidas típicas aqui en Huaraz? – pregunte al taxista.
– Ah ya señor, aquí en Huaraz puede comer los chicharrones, la pachamanca, la trucha frita o a la parrilla, patasca, caldo de cabeza, leche fresca de vaca, puede comer quesos por el mercado central... pero eso si señor, no se vaya de Huaraz sin haber probado la yunca.
– ¿Yunca? ¿que es eso? – pregunte
El taxista volteo a verme y su rostro estoico de rasgos completamente andinos parecía decir:"como se nota que eres limeñito" y respondió:
– Ah, la yunca es una sopa de trigo con gallina, es riquísima, se toma para recobrar fuerzas después de regresar de la chacra o cuando estas cansado. – y sonrió de medio lado.
Pa´que me dijo, llegamos al hotel, nos hospedamos y lo primero que hice fue preguntar donde podría comer la famosa yunca, me dijeron que en los restaurantes campestres a los cuales íbamos a almorzar los días de tour, yo con eso me quede tranquilo y sólo me quedaba esperar.
Bueno, Huaraz es un pueblo tranquilo de gente muy amable y la característica de la zona es el cielo celeste hermoso con nubes blancas muy blancas, rodeado de cerros verdes que se extienden por donde vaya la vista y algunos con nieve en la cima.
El primer día nos fuimos a la laguna de Llanganuco, donde hacia tanto frio que hasta se me helaban los pensamientos. Paseamos en bote y a medio lago turquesa de distancia divise en la orilla unas chocitas donde al parecer vendían comida, ni bien llegamos a la orilla pregunte a las tías de las chocitas si habían preparado yunca y me dijeron que no la preparaban por la fecha ya que era víspera de año nuevo... – bueno, piña pues, ya habrá oportunidad – pensé
Esa misma noche salí corriendo del hotel en busca de la preciada yunca por el centro turístico de Huaraz, pero ¡Oh sorpresa!, no encontré comida del pueblo, solo habían restaurantes al mismo estilo del centro de Lima: Chifas, pollerías, pizzerías, anticucheras, picanterías y todo lo que termina en "ías". Así que, asado, el primer día me quede con las ganas de probar el delicioso plato.
Al segundo día pensé que sería diferente, nos fuimos a visitar las ruinas de Chavín, me tomé fotos con el lanzón monolítico y saliendo fuimos a un restaurante campestre donde jajajajajaja!!! sólo había tallarines saltados, bistec a lo pobre, estofado de res, adobo de cerdo... para comer lo mismo me hubiera quedado en mi casa... ¡no había yunca!... ta´mare, estaba asado y me comí un adobo de cerdo pensando en el enigma de los sabores de la yunca y el porque los apus de los andes me impedían disfrutarlo.
Tercer día, ultimo día de tour, día de visita al Nevado Pastoruri... ¡chevere! el mejor día de este viaje, conocí la laguna de siete colores, llegue a Pastoruri donde casi me da ¡patatuz! me falto el aire, pero llegué con la lengua afuera, arrastrando los brazos y mordiendo mis rodillas para jalar mis piernas que se habían congelado. Ese día no comimos de regreso, pedimos ir de frente al hotel por que terminamos desechos, con las justas podíamos caminar, la gente del tour nos tuvo que cargar al bus ya que estábamos mismo marciano con la cara pálida y recontra helados. Esa noche llegó año nuevo y yo dejé que el decrépito año viejo se vaya con el gusto de privarme del sabor de la yunca...
Al día siguiente, cuarto día en Huaraz, mi ultima oportunidad, en la noche regresaba a Lima, pregunte a todo el que encontraba en el hotel, en la calle, al taxista, donde podía conseguir la maldita sopa... todos coincidieron en algo, un club campestre que quedaba por allá arriba cruzando el puente, al costado del río, de seguro ahí hay.
Ni corto ni perezoso – ¡Familia!, ¡corran!, !suban rápido!, ¡nos vamos a comer yunca!
llegamos al club campestre y había un montón de gente, todas las mesas ocupadas, y todas tenían toldo de paja, sólo una estaba desocupada, sin toldo, corrí hacia ella, la abracé fuerte para que nadie me la quitara y sonriendo dije: !esta es mi mesa, si señor, yo la vi primero jajaja¡. A nadie le importo, pero todos nos veían de reojo medio raro y comentaban entre ellos, se sonreían como diciendo: estos no son de acá. Pero nos miraban por algo, así que... descubrimos por que: ¡empezó a llover!…
Entendimos entonces el porque de los toldos de paja, y no nos quedó otra que abandonar nuestra descubierta mesa y meternos debajo de uno de estos toldos. Por suerte se desocupo una mesa y la ocupamos, al toque ubiqué a una de las chicas que atendía y pedí: ¡una yunca por favor!, ¿tienes yunca? ¡dime que si tienes!, ¡dime que si!... la chica me miro ¡y me dijo que siiii!
Cuanto rato se demoro la chica, nos trajo los chicharrones, la pachamanca, pero la yunca, no venia la yunca, después de tanto tiempo, tenía que hacerse esperar, así que a cada rato la fastidiaba, !hasta que por fin¡, la vi venir, lenta y sin prisa, como en cámara lenta, podía sentir el chapoteo de sus pasos en los charquitos dejados por el caer de las gotas de lluvia en el terreno irregular, hasta que llego a mi lado y deposito el enorme plato de porcelana con una sopa tibia muy olorosa con su presota de gallina.
Era el momento, era mi momento, cuatro días después de mi llegada a Huaraz, después de obsesionarme casi hasta la locura con esta sopa... ¡¡por fin!! la tenia frente a mi, ¡¡LA TENÍA FRENTE A MI!!.
Tomé la cuchara, la sumergí en el caldo, la llené como a tres cuartos de cuchara con la mano temblorosa e incrédula, la llevé a mi boca... hhhhummmmmmm!!!! que delicia!!!! no saben ustedes el placer que sentí de saber en mi lengua esa mezcla de sabores y como un coro oí a lo lejos... Aaaaaleluya, aaaaleluya, aleluya, aleluya, aleeeeeeeluyaaaa!!!!! ahhhhhhhhh!!!! la verdad, valió la pena la espera, es una sopa deliciosa de gallina, con trigo hervido, esos trigos grandes de la sierra, reventaditos y tiernos que dan gusto masticar, con papitas cortadas en trozos medianos sancochadas en el mismo caldo, la receta no la sé, pero les puedo asegurar que era una delicia, un placer que los apus en complicidad con todos los restaurantes de Huaraz quisieron negarme, pero se fregaron, se olvidaron de pasarle la voz a Cecilia que fue la que me trajo el platón de yunca... ¿o será que la pobre Cecilia me vió con cara de loco desesperado y desquiciado cuando le pedí el potaje que no le quedo otra?, bueno, ese es uno más de tantos misterios andinos que quedaran sin resolver.
Regresé feliz a Lima, por el relajante viaje y por el nuevo sabor disfrutado, la yunca, toda una aventura. A Lucy le traje un poco de chicharron, pero sólo le di un trozo por que hambriento se lo empujó entero y se le atoró a media garganta, si lo vieran, su ojo chico se le achicó más todavía hasta casi desaparecer y se le torció el hocico hasta la espalda, empezó a toser y silbar al mismo tiempo mientras estiraba una pata acalambrada, casi se muere el pobre, tuvimos que desatorarlo de varios palmazos en el cogote... ¡pobre Lucy!.
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