El mejor café de Lima

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Brrrrr!!!… que friecito, empieza el otoño con fuerza aunque con el inseguro clima de Lima, no se sabe. En estos días, por la mañana el cielo es gris (panza de burro como diría mi pata Bryce) con temperatura baja que obliga el uso de prendas abrigadoras, pero a media mañana el sol se asoma radiante y bueno, nos aligeramos de ropas… pero después del medio día… ¿otra vez? vuelve el friecito con mas fuerza… decídete pues, o frío o calor…
Ni modo, friecito de tarde-noche, ffffiiiiiiuuuuu!!! (sobadita de manos), es hora del cafecito. Me pongo mi chompita, bajo por la cuadra veintiuno de Petit Thouars, entro por la cuadra dos de Risso, llevo las manos en los bolsillos porque aún no he comprado guantes, que complicado es cruzar la calle a esta hora, los autos chocones no respetan, pasan nada más. Cuando algún chofer desquiciado le cierra el paso a otro y se forma un atolladero, entre ruidos de claxon y mentadas de madre, es momento de aprovechar la situación y cruzar la avenida Arequipa, ni policías hay a esa hora, así es el Perú, así es la Lima bulliciosa.
Habiendo ya cruzado la calle, la tarde que se va, inicia el espectáculo de todos los días a la misma hora: se enciende la primera luz y luego otra y otra, incandescentes, luces de neón. Empieza la tarde-noche y las calles se adornan.
Avanzo por la primera cuadra de Risso y a pocos pasos ya se siente en el ambiente ese olorcito… hummmmmm!!! a pesar del aire frío, respiro hondo para llenar mis pulmones y deleitar el olfato con ese aroma… ahhhhhh!!!.
A media cuadra de la avenida Arequipa entre una casa de cambio y un casino, en un local pequeño y escondido, con un letrero discreto, poco llamativo, ya que su mejor publicidad es el aroma que se dispersa sin esfuerzo por los aires, se encuentra ese refugio del paladar, donde encontramos cual medicina, el cómplice ideal para disfrutar nuestros inviernos, si señores: el mejor café de Lima.
No es para menos, café de la Selva del Perú, tostado y molido mientras lo estoy viendo, oloroso hasta el hipnotismo, me seduce y caigo cual presa fácil sin resistencia…
— ¡Un mocaccino por favor!… —pido sin ocultar mi ansiedad.
— ¿Con dos de azúcar, verdad? —me responde sonriente la tía Linda.
— Si, con dos de azúcar…
Mientras la tía Linda me prepara el mocaccino y aunque el reducido lugar sólo permite permanecer de pie junto a cuatro o cinco personas que sucumbieron igual que yo a los aromas, es un placer la espera y cuando el recipiente tibio llega a mis manos, cual ceremonia antes de probarlo, lo acerco humeante al rostro y lo respiro por completo. Ya sólo falta saborearlo, pero primero lo primero: pago a la tía Linda y me despido dejándola atrás del mostrador, siempre sonriente y atareada.
Regreso a mi cubil, recorriendo a la inversa el mismo tramo, con mi exquisito trofeo en las manos, disfrutándolo poco a poco, sorbo a sorbo alargando el disfrute hasta poco antes de dejarlo enfriarse, por que este es un placer que se disfruta tibio por que tibio es el mejor café de Lima, por que tibio es el mejor café que mi pata Benjamin disfrutó recién a los setenta...

Comentarios

Rafael dijo…
jaja tienes razón, la mejor publicidad de esa tienda es el aroma.

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