viernes, 6 de diciembre de 2013

Triple salto mortal

Después de el choquecito hace algunos años, que no paso de ser una distracción en una mañana cualquiera, llega ahora el triple salto mortal que no tuvo mejor protagonista que a mi hermano. 
Al parecer la vida quiso darnos un llamado de atención, un jalón de orejas, un "tatequieto", para recordarnos a los hermanos que a pesar de nuestras habilidades superiores, extrasensoriales y poderes regenerativos, seguimos siendo gente común, humanos en esencia y propensos a las vicisitudes de la vida, a los caprichos del destino, a los azares en la aventura de vivir. 
Y fue así que un triple salto mortal (como quiero llamarlo) nos devolvió a mi hermano, todo magullado, raspado y cortado por todos lados sin que esto vaya más allá de aparente magnitud. Terminó todo cuarteado y ensangrentado en medio de la pista, entero y agradecido con la divina providencia.
Pero estoy seguro que ese hecho no fue lo que preocupó a mi hermano, sino lo que venía después: mi madre desesperada y sollozando al ver a su segundo hijo bañado en sangre, tirado en la pista, desesperada por que los paramédicos no le permitían acercarsele a tomar su mano y certificar ella misma que estaba vivo. Pero el estaba bien y en su modo turbo-adrenalinico, resultado del accidente del que había sido víctima, que le impedía en ese momento sentir dolor, sólo atinaba a decir al paramédico que lo manoseaba por todos lados (para comprobar que todo estaba en su sitio): "...esa señora que esta llorando es mi mamá... ¡dile que estoy bien!, ¡dile que estoy bien!".
Pero dicen que la vida te da lo que mereces y eso quedo demás demostrado: mi hermano tiene unos amigos de oro que para mi se han ganado desde hoy el título de hermanos.  Mi hermano menor me llamo para avisarme del hecho y tuve que salir acelerado y con la incertidumbre de saber que seria de mi hermano. Me dijeron que lo llevaron al hospital San José, luego al Carrión y por ultimo al San José que fue donde lo llevaron desde un inicio. 
Cuando llegué al hospital, encontré a mi madre desesperada y llorando, me abrazo y empezó a contarme todo, de como lo vio tendido en la pista, lleno de sangre, la travesía en la ambulancia, del temor de perder a su segundo hijo, de como sus amigos se portaron de una manera ejemplar y de como movieron todo para que mi hermano sea atendido a la brevedad. Fue cuando conocí a sus amigos quienes encima de todo me tranquilizaban diciéndome que estaba estable y que ya lo estaban atendiendo. Habían pagado todo, habían transportado a mi madre al hospital y acompañado a mi hermano menor a hacer las gestiones en la comisaría. Todo estaba coordinado, todo, incluyendo el apoyo necesario y la tranquilidad que le infundían a mi madre y a mi hermano. Me sorprendí con esto, con la solidez y desprendimiento de estos lazos de amistad. Aunque no se los manifesté, tal vez por la preocupación y la tensión del momento, mi gratitud va más allá de decir gracias, la tranquilidad de mi madre y la estabilidad de mi hermano es algo que no tiene precio. 
El medio en el que me desenvuelvo me hizo olvidar estas grandes cosas, cosas que aún existen en aquel barrio donde nací, donde los lazos de amistad van más allá de tan sólo ser amigo de alguien. 
Eternamente agradecido con ellos solo espero tener la oportunidad de retribuir con creces lo que ellos hicieron por nosotros, gracias amigos Villanences. 
Pasado el momento más difícil sólo quedaba esperar que los doctores nos dieran alguna noticia, el hecho de saber que estaba consciente ya era bastante, pero no era suficiente, teníamos que verlo salir de la sala de emergencias. Y fue así como cuatro horas después lo vimos salir con la cara, el hombro y las rodillas llena de vendas, pero entero, con todos los huesos de adamantium en su sitio, pero adolorido. Le cosieron por todos lados y le sacaron vidrios de todos lados, pero ahí estaba él caminando en sus propios pies, luego en silla de ruedas y bromeando como para tranquilizar a mi madre. Estaba bien. 
Lo peor había pasado ya. Mi madre estaba tranquila y feliz ahora. Hasta se tomó fotos para la posteridad con el hermano así parchadito como estaba. 
Llego la calma y recién tuvimos la versión oficial. La verdadera historia de lo ocurrido. Mi hermano cuenta que todo ocurrió en un par de segundos, que vio el station wagon blanco (todos son blancos) que se le venía de frente, que quiso esquivarlo con la mototaxi y que después se sintió volar y ya estaba tirado en la pista con un ardor en los brazos, hombros y empeine. Los testigos dicen que voló por los aires. Lo demás es historia. 
Mi hermano es mototaxista, aprendió de mi padre la prudencia al volante y estoy seguro que el no fue el responsable. Al carro no le paso nada, con las justas una luz rota, fue la mototaxi la que llevó la peor parte. Pero eso no importa mucho, a pesar de qué hay todo un trámite que hacer en la comisaría que incluye reporte de accidente, dosaje etílico, revisión por un médico legista, acta para entrega de vehículo, etc. 
Mi hermano esta sano y salvo y aunque el habla de un par de segundos, yo creo que en su modestia no quiere decir que al ver al vehículo dirigirse directamente a él, le tomó medio segundo impulsarse en el aire y en un segundo y medio con los brazos extendidos dar un triple salto mortal para caer unos metros más allá bien parado, lo malo es que los vidrios que se rompieron y desperdigaron en tiempo paralelo por la pista, le quitaron estabilidad y lo hicieron resbalar y término como ya sabemos. Nada es perfecto. 
Bueno hermano, por suerte sigues con nosotros y me conmueve saber que ahora todos te dicen "don Mario", como le decían a papá. 


-- Desde Mi iPhone

viernes, 16 de agosto de 2013

Iquitos XIII

Después de cuatro años de sol a luna y de luna a sol, rajandome el lomo para que todo vaya viento en popa en la empresa dije... ¡No!, necesitaba un descanso y para mi placer, me lo dieron.
Y llegó la tan soñada semana de descanso, mis planes incluían dormir hasta el medio día, levantarme, "desayunalmorzar" y tirarme en mi sillón a ver televisión toda la tarde, estirar todos los músculos, en la noche cenar algo ligero y al sobre, no pensaba en nada mas, solo quería relajarme.
Sin embargo, eso sólo duró el primer día, al segundo día como que el encanto se pierde, la gracia también y simplemente estaba aburrido, al tercer día ya quería regresar a trabajar pero... ¡No!, ¡otra vez no!, no podía darme por vencido asi nada más, tenía que aprovechar mi descanzo o morir en el intento. Fue cuando se me ocurrió la grandiosa idea de viajar, ¡si!, era la mejor opción.
Ahora... ¿a donde?. Donde puede ir un ser como yo, libre y silvestre, inocente y puro, sin malicia y colmado de inocencia... pues, a donde mas si no a Iquitos.
Ni pensarlo más, en un dia tuve que planificar mi fin de semana (por que media semana ya se había ido), encontré los pasajes de avión mas caros que alguna vez pagué (por la falta de anticipación) y simplemente me fui a la aventura... Iquitos: ¡ahi te voy!.
Pero a mi flaca no le hizo gracia que me fuera solo, solito, solano, casi le da un patatuz, estaba toda molesta y cruzada de brazos me dió la espalda asada, claro, antes me giró la cara como diciendo mira, mira, toy asaa, mira, mira como hago mi piecito, contra el piso.. pero que puedo hacer, la decisión estaba tomada, y, toda jetona, tuvo que escuchar cuando le decía adiós... chau mi amor. Además, eso de que las mujeres dicen no cuando dicen si y al reves, algo tendrá de cierto, yo sé que en el fondo ella quería mi bienestar. Asi que, arriesgando cuchumil cuchucientos años de relación admirable y envidiable, me fui con mi mochila al hombro, mis lentes Kino de hace diez mil años, despreocupado y con poco presupuesto, pero ansioso y listo para sobrevivir "de la selva su encanto".
Ya conocia Iquitos, fui con mi flaca hace como dos años, asi que no me iba a ciegas, mas o menos conocía la ciudad.
Como estaba sin presupuesto (bueno, tampoco misio), y ya que el pasaje de avíon me costó un ojo, no quería empeñar o perder el otro ojo, así que tenía que gastar lo menos posible. 
Ya en el aeropuerto quise colgarme a algun wifi, pero todas estaban saturadas y no tuve mucha suerte mientras tomaba un cafecito.
En el avión me tocó sentarme al lado de dos gringuitas encantadoras, si, ambas ya estaban en base cinco y cuando me vieron llegar hicieron el archiconocido sonido acompañado de una mueca de preocupación: ¡Oh, oh!, lo que me causo mucha gracía, supongo que porque me vieron entradito en carnes y esa expresión sólo podía significar algo: ¿y ahora como va a entrar este gordito? (me tocaba al lado de la ventana). Bueno, a mi ninguna viejita me iba a quitar mi sitio y aunque les doliera en los huesos pararse o aunque las aplaste, tenía que pasar a mi sitio. Por suerte los asientos del avión son amplios y cómodos y no hubo problema, además las abuelitas eran medio coquetonas, pero aún con mi inglés masticado y su imposible castellano, no fue posible tener una conversación decente, asi que, busqué en mi ibook y me puse a leer la hora y media que duró el vuelo.
A esto sólo quiero agregar que es importante escuchar las instrucciones de salvataje antes del vuelo, así como en el carro el cinturón de seguridad te puede salvar la vida, tomar ciertas consideraciones podrían ser la diferencia entre la vida y la muerte en caso que explote una turbina y que el avión simplemente se caiga del cielo, en medio del mar, choquemos con otro avión o simplemente haya serpientes en el avión como en la película.
Ya con el avíon en el aire, uno se da cuenta de la nube de contaminación que cubre Lima, la ciudad capital y cuando el avión atravieza las nubes, la real claridad del sol simplemente te ciega y es ahi cuando comprendes que son esas nubes grises las que nos tienen cojudos. Por eso, en la medida de lo posible, salir de vez en cuando y respirar otros aires es bueno.
Ya en iquitos, donde los rayos del sol no queman sino pican rico en la piel, ya bajando del avión uno se siente renovado, el aire simplemente se te mete en los pulmones y aunque no quieras, en un proceso salvaje y placentero se te limpian hasta los alveolos. 
Renovandome poco a poco me preguntaba: ¿y ahora?, ¿a donde voy?, por suerte en el aeropuerto siempre hay una caseta de información turística y, dejenme decirles que son lo máximo, te dicen desde donde te puedes hospedar a cualquier precio hasta donde puedes ir, te dan el mapa de la ciudad, la lista de hoteles y todo gratis, asi que no se pueden perder ni de vainas.
Escogí un hotel barato, de treinta soles, el presupuesto señores. En el aeropuerto los mototaxistas te cobran diez soles para ir hasta a la plaza de armas, aunque (como descubri después), no es necesario gastar tanto, afuera del aeropuerto pasa un bus que te lleva hasta la plaza de armas y sigue hasta bellavista y todo por un sol (checa que ahi ya te ahorras nueve soles). Yo no sabía esto, asi que tomé la mototaxi y preguntando al chofer desistí del hotel barato ya que no tenía ni ventilador y, como entenderán, con el ambiente caluroso de Iquitos, es necesario y mínimo contar con uno. Terminé en un hotel tres estrellas, con wifi, cable, aire acondicionado, baño interior, desayuno incluído y ambiente acogedor con vista al río Itaya, dandole una cachetada a mi presupuesto...

Pero no me arrepiento, el hotel Safari es una buena opción, la atención es buena, es muy acogedor y las recepcionistas son riquichichichimas... ¡ejem!, como decía, hay para todos los precios y comodidades.

Aunque, saliendo del aeropuerto, don Juan (el mototaxista), me recomendo varios hoteles, decidi ir al Safari por la particularidad en la pronunciación del don mototaxista, el me decía: "el sajuari es bueno", "el sajuari esto", "el sajuari lo otro". Por mas que buscaba yo en la lista de hoteles que me dieron en el aeropuerto no lo encontraba y la curiosidad me llevo hasta ese hotel que termino siendo el hotel "SAFARI". Es que los charapas hablan asi, la efe la pronuncian como "ejue", por eso safari, sonaba "sajuari". Me quise reir recordando al "Juelix" de "al fondo hay sitio", pero no quise que don Juan pensara que me burlaba de el.
Después de un refrescante baño, a pasear por el mirador bajo el sol de media tarde que quema rico y al menos a mi, me caía agradablemente.
Iquitos es una ciudad de gente cálida y servicial, hermosas mujeres y lindos parajes para visitar, la comida regional es deliciosa, si quieres conocer los alrededores puedes ir a Bellavista o Belén y podrás pasear en balsa o lancha por el río o ir a comer a restaurantes flotantes, conocer albergues de animales, cobran desde cinco soles por persona dependiendo de la distancia, aunque, si quieres despreocuparte, puedes contratar un full day en las agencias que abundan en la plaza de armas y en el malecón, ellos te arman un paquete que incluye movilidad, hospedaje y almuerzo en lodges que abundan y como siempre, para todos los precios. Se puede ir al Serpentario donde se puede ver y cargar a los perezozos (conocidos en la zona como pelejos), las tortugas (llamadas "magaly medina" por que tienen la sonrisa de oreja a oreja) y por último las anacondas que dan miedo con su sola presencia y por que cuando estuve ahí emitían un silbido que te ponía la piel de gallina y hasta al guía se "nervioseaba". En este albergue de animales y en los similares que hay por la zona, a pesar de tener enjaulados a los animales, se ayuda a preservar las especies ya que, estos animales, son rescatados de manos inescrupulosas que los venden como mascotas o los encuentran heridos o enfermos en la propia naturaleza. Luego de un periodo de cura y adaptación que no excede de tres meses, los sueltan nuevamente en su ambiente. Para poder costear su estadía es que los exhiben al público cobrando un precio simbólico de cinco nuevos soles que es nada para el grato momento que puede uno pasar cargando un mono o una anacondita de cuatro metritos.  



En el mercado de Belén venden de todo, desde tragos exóticos, grasa de boa, medicinas naturales, hasta cabezas y carne de tortuga para un rico caldo, carne de lagarto, Suri, todo tipo de pescados de río, refrescos heladitos de frutas regionales como Camu camu, Aguaje, Ungurahui, Cocona y el Mazato hecho de Yuca. Aquí me empuje un Suri, ese regordete gusanito que venden para comer vivo o en brochetas tipo anticucho y, la verdad, no es tan desagradable, se siente como una mazamorrita dulcete, la piel es dura y sabe como a cartón (lecciones de supervivencia de mi pata Bear Grylls).
Si nos gusta la Cecina o el Chorizo regional, lo podemos comprar en la cooperativa de Belén, ahi hay varios puestos de venta, pero pregunten por "la lunareja", ella te atiende bien bacán, te embala las cosas en hojas de Bijao para que no se malogre en tu viaje y encima cobra lo justo.

En Bellavista, también encontramos los refrescos regionales, pescados a la parrilla, tacacho con cecina, Juanes de arroz y de yuca, huevos de lagarto, frutas de la zona, pescados, semillas de Macambo, también Suri. Aqui comi en el restaurante los Cocos, comida regional, se me antojó una Patarashca, que no estaba en la carta, igual la pedí, pero es diferente a la que comí a Tarapoto, aqui es más rústica. Mi Patarashca de Sabalo terminó convirtiéndose en un problema por que este pescado tiene cualquier cantidad de espinas y puede llegar a ser peligroso para una persona que no tiene paciencia. A mi la comida no me gana asi que el Sábalo quedó puro espinazo, cabeza y espinas. Acompañe mi Sábalo con un "veintiun raíces Sour" (que a pesar de tener sabor a té de cómoda de la abuela, me agrado), una Cuzqueña bien heladita, musica regional (aquí se llama regional a todo lo local) y el paisaje relajante desde esta especie de terraza-mirador a orillas del río Nanay .
Por la plaza de armas está el restaurante Ari's que es un restaurante veinticuatro horas con comida para todos los gustos, siendo su particularidad que venden agüita de coco heladita en el mismo Coco. En la calle Putumayo, al costado de la Casa de Fierro, está el Yellow Rose of Texas, restaurante de un colorado buena gente que te hace sentir como en casa, las chicas son muy atentas y coquetonas, una de ellas me etendió tan bien que me hizo querer más a la ciudad de Iquitos (es más, pienso regresar) me sirvió un Lagarto a la plancha con yuquita y aji de cocona, agüita de Camu camu y un delicioso "Amanecer Loretano" (un trago)... hummmmm, ¡una delicia!. También hay varios restaurantes en el malecón Tarapacá para todos los gustos y placeres. Hay muy pocas tiendas, pero por la cuadra cuatro de la avenida Próspero hay un supermercado que vende de todo, aqui también consigues en conserva ese ajicito amarillito tan particular de la zona, el ají charapita que recomiendo no subestimar por que este ají no pica, arde, por favor tengan cuidado.
El segundo día, me animé por un paseito por la selva, en la agencia me dijeron que debía usar botas, pero como no me las dieron, no le di importancia, yo tenia puestos unos zapatos livianos, seguimos así nada más, sin embargo, aconsejo usarlas y exigirlas si usan calzado liviano o sandalias (¡sandalias!, ¡ay diosito!, ¡mamacha cocharcas!) porque hay cada bicho... no sólo arañas y hormigas grandes. Lo que me paso fue que se me subió una hormiga patuda que parecia araña, me picó en el empeine y que rico ardia, me dejo una bolita de cinco milímetros de diametro y se enrojecio al rededor como dos centimetros de diametro, el ardor era soportable, nada de que preocuparse y fue desapareciendo progresivamente al cabo de veinte minutos. Cuando sentí el piquete, instintivamente le tiré un lapo al bicho y le dije despreocupadamente al guía que me había picado una "arañita", el guía en cambio puso una cara de preocupación que me hizo tomar conciencia de lo grave que podía ser la situación: estaba en medio de la selva y me pudo picar cualquier bicho ponzoñoso y mortal. Me pregunto por la araña, para mi suerte, la hormiga que a mi me parecía araña se estaba moviendo vivita y coleando unas hojas mas allá, el guía la vio y me dijo que era una hormiga de la familia de las hormigas "cabezonas" guerreras y que no era lo suficientemente "letal" para los humanos, de suerte -me dijo- que no te picaron esas hormigas grandes cabezonas, entonces mire a los lados de mis zapatos ligeros -ah ya- dije -¿y de que color son?- pregunté -son cremosas y tienen los colmillos negros filudos como agujas...- y mostrando los talones de uno de mis zapatos le dije: ¿cómo estas?... ¡Si, como esas!. Fue gracioso, el guía me dijo que no me moviera y con las manos empezó a arrancar como siete hormigotas en total que se me habían prendido, a las plantillas de mis zapatos y una más que ya casito me subía por el talón, por suerte, no llegaron a morderme en la piel por que esos colmillazos hubiesen llegado hasta el hueso y de seguro me hubieran dejado cojeando e hinchadazo de pies y hoy estaría con las cicatrices de semejantes hipodérmicas. En ese momento de lucidez, me di cuenta que estaba en medio de la selva, en un habitat extraño, vi el suelo y había bichos de todo tipo y unas hormigazas que caminaban en fila india por todos lados, ¡asumare!, salir corriendo no era una opción y si no me tire a los brazos del guía para que me cargara fue por que me las aguante como los machos, más aún cuando paso un chibolo lugareño, una cosa de menos de un metro de altura, llevando no se qué cosa en la cabeza y el mocoso estaba sin zapatos, ¡sin zapatos! y caminaba como sí las huevas. Desde ese momento los bichos salían por aquí y por allá, de todas las clases, rastreros y voladores y todo tenía una explicación: como es temporada de mareas altas, todos los bichos están en plena mudanza... Por eso señores, usen botas y tomen todas sus precauciones.
Después de esa traumática experiencia, después de visitar a una tribu de Boras, toparme con más insectos, un intimidante ciempiés y las explicaciones del guía con cada insecto aparentemente inofensivo con el que nos cruzabamos y que en realidad podían simplemente matarnos, o, en su defecto dejarnos experiencias, marcas y cicatrices como recuerdo de nuestro viaje, después de todo esto, llegó la hora del almuerzo. Llegamos a un lodge donde ya estaba servida la comida, estilo buffet, entre los platos había ensalada de chonta, chicharrón de lagarto, arroz, frijoles, sudado de doncella y para tomar la refrescante aguajina. La comida excelente y aunque todos los que almorzaban, entre turistas y peruanos, me quedaron mirando, repetí el plato... ¡La comida estaba rica carajo!
Para un paseito asi, sugiero llevar cambio de ropa, mi polo termino empapado, mientras viajas en bote el aire te refresca, pero ya detenido en un lugar, Iquitos y el Amazonas te dan con todo su calor, la temperatura es alta y no me quedo otra que sudarme todo el polo con mi hiperhidrosis al tope. 
Después del richi, un descanzo reparador en perezosa no es algo que se deba despreciar, una siestesita, oyendo los sonidos de la naturaleza, las aves, los monos, el follaje, el remanso de las aguas... simplemente relajante, alejado de la ciudad, sin wifi, sin celular... ya gana el sueño... esto es vida. 

Iquitos es un lugar recomendado para la aventura, sitio acogedor de clima cálido que acoge a propios y extraños, si alguna vez llegas aquí, me darás la razón, te sentirás como en casa, te recibirán como a un amigo y te despedirán igual, te tratarán como a un hermano y extrañaras la ciudad como a una madre.

Para terminar, el último día, almuerzo a orillas del río Nanay, en el restaurante Palmeras, un cevichito de doncella, una cuzqueña heladota y una vista privilegiada del atardecer...

Hasta el próximo viaje.


viernes, 24 de agosto de 2012

Los Indestructibles 2: se juntaron otra vez

Dejé de escribir hace mucho acerca de películas, eso no quiere decir que deje de ir al cine, al contrario, voy tan seguido como antes, la diferencia es que ya no me da el tiempo para escribir, pero esta vez, regreso para contarles acerca de Los Indestructibles 2, es que es imposible no comentarla, me es necesario.
Como todo veterano de películas de acción y artes marciales, hice mi colita previa compra de entrada a media tarde antes que se agoten las entradas y perderme el día del estreno. Esta vez se suman a esta sarta de mercenarios nada menos que Van Damme y el archiconocido Chuck Norris.
De seguro que a muchos este genero les desagrada, pero déjenme decirles que para otros como yo, por el simple hecho de ver reunidos a todos nuestros ídolos de juventud, es un deleite.

Aunque toda la película es un desmadre de malos malosos, secuaces de Jean Claude, Stallone demuestra que todavía tiene para rato como héroe de acción junto a JCVD. Van Damme tiene su trayectoria, pero si me dan la razón, le caen a pelo los papeles de malo, sino recuerden "Retroceder nunca, rendirse jamás" donde hizo del ruso malo mas malo que le sacaba la michi al bueno de la película. Pero esta vez le llego su turno, nunca vi que le dieran tan duro a Van Damme y es que Stallone simplemente lo muele a golpes como solo el podía hacerlo, a lo bestia, nada de patadas voladoras ni que ocho cuartos, a puro puño limpio literalmente le saco su mierda, perdóname Van Damme, pero fue así. Aunque no me gusto que mataran a Jean Claude, eso quiere decir que si hay un E3, ya no aparecerá... Aunque todavia se puede hacer una engañadita no? Que se yo, a lo mejor el cuchillazo no era suficiente y no muere... En el cine todo puede ser.
Y de Chuck Norris que puedo decir, le tenia cierta bronca a este pata desde que en su epoca de imberbe quiso pegarle al mas mas de las artes marciales, mi pata Bruce Lee, pero ahi nada mas quedo, por que Bruce le dio su "estate quieto" en "La Furia del Dragón", es que nadie se mete con Bruce Lee, ese chino les gana a todos. Desde entonces poco me importaron las películas de acción o artes marciales de Chuck, sin embargo, últimamente gracias a internet, este pata ha alcanzado fama y magnificencia necesaria, llegando a grado de deidad y omnipotencia. Es así que en una escena de la película cuando Stallone y su gente, cansados y sin municiones, rodeados de un ejercito de malos malosos (con tanque incluido), ven su suerte adversa y negativa y sin mas ni mas, de la nada una balacera cae sobre los malosos y mueren todos, volando inclusive el tanque en pedacitos... Ahi aparece abriéndose paso entre la humareda este ser indestructible, el querido Chuck Norris, haciendo honor a su fama en internet. Buena Chuck.
La película es buenaza, entre balas y matanzas descubrimos a todo un equipo de mercenarios que se ven afectados por la muerte del más joven del grupo recién integrado y deciden buscar venganza. Nos damos cuenta entonces que esta gente de corazón duro e inmisericorde también se conmueve por lo suyos. Sino vean a un Dolph Lundgren asolapado secándose una lagrimita al fondo de Silvester Stallone en primer plano. Es que los duros también lloran.
Ya sabes, si quieres recordar a las leyendas de acción y artes marciales, te gustan las matanzas entre balas y explosiones, sangre muerte y destrucción, los malos malosos, peleas titánicas entre puños y patadas, si quieres disfrutar al ver a los malos muertos y a los buenos vivitos y coleando sin un rasguño siquiera, entonces esta es una película para ti, todos se lucen, asi que, compra tu canchita, acomodate en tu asiento y simplemente disfruta.

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sábado, 28 de abril de 2012

Machu Picchu y yo: Preámbulo

El amor y orgullo que siento por mi patria y mi cultura, me ha llevado a conocer algunos rinconcitos de mi país, de cada uno de ellos puedo decir mil maravillas y muchas experiencias que enriquecieron mi vida.
Dicen que todo peruano, antes de salir al extranjero, debe conocer la grandeza de su país y sobretodo, conocer Cusco y Machu Picchu... por eso decidi conocer Cusco, sus ciudadelas y el misterio que ronda a cada una de ellas. Quise ir a Cusco y empaparme de cultura, enriquecer mis raíces andinas, saber mas de mi gente.
Viajar a Cusco fue toda una travesía, primero por que quise llevar a mi viejita, la mujer de mi cucharón, pero esta tía es fan de su cocina y de su rutina. Imaginaran lo difícil que fue convencerla para el viaje, tuve que intentar muchas cosas, involucrar a otras personas, planear con ellos algunas trampitas como para atraparla, como para interesarla, pero la tia nada de nada, al final el viejo truco del gato con botas, esa infalible mirada matadora que enternece y doblega hasta el corazon mas terco, si, esa técnica me sirvió... Al final la viejita acepto como dice el chavo "sin querer queriendo".
Este fue el primer paso, lo demás simplemente sucedió y semanas antes del viaje, mi viejita ya tenia hecha sus maletas. El viaje se planeó para despedir el dos mil once y recibir el dos mil doce con energías positivas. El día del viaje, se despertó a las cinco de la mañana y esperó a que pasara por ella, para variar, a mi carro se le bajo la batería y tuve que irme en taxi a recoger a las dos tías: mi amá y su hermanita gordita, osea, mis madres. Y eso que el avión en teoría salía a las diez de la mañana, pero termino saliendo a pocos minutos de las once. Esto ocasiono que llegáramos tarde a Cusco y el city tour ya había empezado asi que a darle el alcance a toda prisa, por suerte nos recogió un pata de la agencia y nos llevó a la plaza de armas donde ya estaba el guía con toda la gentita. Estaba lloviendo un poco asi que sacamos los ponchitos de plástico y nos cubrimos hasta que entramos a la catedral donde nos quedamos boquiabiertos por la cantidad de oro y plata que adornaba a los jesúses y santos, lo particular de los cuadros cuzqueños, en fin, algo incomparable. Lo malo es que no dejaban tomar fotos ni filmar nada, asi que tuve que conformarme con la experiencia.
En ese momento, la preocupación se apodero de mi ya que, el patita que nos recogió en el aeropuerto, nos dejo en la Plaza de Armas y "dizque" iba a llevar nuestro equipaje al hotel... Yo totalmente desconfiado, le pregunté inmediatamente nombre, apellido y deenei, al toque empecé a llamar a la agencia para que me den referencias del señor, pero nada. No me contestaban. Cuando llegamos a la Plaza de Armas, donde nos dejó el patita este, mi tía y mi mamá me decían que confíe en el señor que como se iba a llevar nuestras cosas, que las llevara "nomás" al hotel y que ya después las recogíamos, que se nos hacía tarde... Pobrecitas, tan lindas e inocentes ellas, faltas de experiencia en viajes, ya no dije nada para no preocuparlas, así que decidí arriesgarme y mandar a Jesús (nombre con el que se identificó) con nuestro equipaje... ¡adiós equipaje!, ¡adiós!.
Mi madre y mi tía no cabían en si de gozo y asombro y estaban totalmente entretenidas con lo que el guia les decía, yo, pensaba en mi equipaje...
Luego de eso, saliendo de la Catedral, caminamos por unas callecitas empedradas y angostas hasta llegar al Coricancha, recinto sagrado de los antiguos que sirvió de cimientos para la construcción de un conventucho.
Yo seguía pensando en mi equipaje y en la cara de Jesús, el que nos recogió, en ese momento, ya pensaba que mi equipaje estaba en manos extrañas y que el tal jesusito ese tenía cara de choro, que ya se habían rebuscado mis cosas y las de mi mamá y mi tía, ya me sentía desvalijado y sólo con los trapos que traía encima... ¡ay mi equipaje!, ¡ay mi equipaje!, ¡tanto que lo quería!...
City Tour, Sacsayhuaman, Qenqo y Puca Pucara, templos y fortalezas impresionantes que conocimos el primer día en Cusco, este primer día estuvimos sin pisar el hotel y sin saber nada de nuestro equipaje hasta las seis y media de la tarde aproximadamente. Imaginen pues, a esa hora mi tía y mi mamá no cabían en si de gozo, claro pues, ya conocían en vivo y en directo al igual que yo, las ruinas incas que hasta el momento solo habían visto en la televisión o por fotos en esas enciclopedias ilustradas clásicas que colecciona mi madre. Y por su equipaje ni preguntaban, solo yo era el que se comía las uñas pensando que nuestro equipaje había pasado a mejor vida...



Llegamos al hotel y lo primero que hice fue preguntar por mi equipaje, la recepcionista con cara de duda me preguntó a quien se lo había entregado... ¡¡¡queeeeeeeeee!!!, ¿es que no saben nada de mi equipaje?, ¡lo sabía!, ¡lo sabía!, tanta espera me había puesto nervioso ya iba a estallar cuando me dijeron que ellos trabajaban con varias agencias y que ese día al menos tres le habían dejado equipajes... ¡aiá!... eso me sereno un poco, pues, podía ser que mi equipaje este por ahí y... el señor Jesús si había dejado nuestro equipaje en el hotel y ahí estaba... je, je, es que yo siempre lo supe y desde el momento en que vi a Jesusito dije, este es mi pata y no creo que se lleve mis cosas, si tiene cara de honrado, si pues, era alguien de confianza.
Lo que si me asó fue cuando pregunté por mi reservación y me enteré que mi cuarto se lo habían dado a otro... ahí empezaron los problemas con este hotel, el hotel Samay para ser precisos. Mi cuarto grandazo se lo dieron a otro a pesar que estaba reservado y encima por la fecha ya no había cuartos, por tal motivo, me acomodaron en un cuartito pequeño que olía a humedad y en el que cabían dos camas con las justas... recontra asado por que no podía hacer nada, además del ratazo que me hicieron esperar en recepción, era eso o quedarme sin cuarto, a mis madres les daba igual el cuarto así que tuve que aceptar para no llevar las cosas al extremo. Eso no fue todo, ya les había aceptado la suite "peoresnada", nos iban a llevar el equipaje al cuarto y luego vino el segundo problema, el ascensor "estaba en mantenimiento" hasta el día siguiente... ¡ah nooooo!!!, ¡ah nooooo!!!, ¡agarrenme que me voy y le saco la ...!, no pues, así no juega Perú, por mi no había problema, pero mis madres ya pasan los sesenta y como iban a subir al tercer piso por las escaleras con sus reumas a cuestas... ¡no se pasen pues!... no nos quedó otra, a subir por las escaleras, como era nuestro primer día en Cusco, la cabeza me dolía a latidos de ballena azul y mis madres apenas llegaron al tercer piso... ustedes creen que ahí quedó la cosa, no, eso no fue todo, sucedió que los colchones hacían honor a las ciudadelas incas y a los rocones que las caracterizan, si pues, eran recontra duros, sinceramente, los colchones mas duros que me han tocado en un hotel, de eso si se dieron cuenta mis madres, pero, como era ya tarde y el cuerpo estaba cansado, sin prisa se nos cerraron los ojos hasta el día siguiente...
Al abrir los ojos, no sentía el cuerpo, algo había pasado y era simple, mi cuerpo estaba molido por el colchón-piedra sobre el que había dormido. Mis madres se sentían igual, pero la expectativa del tour al Valle Sagrado las hizo levantarse con buen humor, lo que me hizo olvidar el desastre en mi cuerpo, nada que un delicioso baño de agua helada de los andes no pueda quitar, después de un baño estuve renovado y mis madres mas. Salimos del cuarto a tomar el ascensor que en teoría debía funcionar, pero... seguía "en mantenimiento"... mas escaleras para las tías, esta vez hasta el sótano donde servían el desayuno buffet del hotel, luego nos recogerían para el tour de ese día.

Bueno, ahorraré tiempo: el hotel Samay es un pésimo hotel, no lo recomiendo para nada, por una diferencia de diez dólares por persona en relación a otro hotel, les recomiendo tomar el otro. El ascensor estuvo malogrado los cuatro días que me hospedé, mi reservación se hizo con un mes de anticipación, sin embargo mi cuarto se lo dieron a otra persona y me dieron un cuarto pequeño con olor a humedad y encima ni siquiera me hicieron un reembolso, ni una disculpa al menos, los colchones eran durísimos, me los cambiaron a solicitud al segundo día pero los nuevos estaban igual, el wifi era pésimo a pesar de estar a unos metros de su módem, el personal de recepción siempre está desinformado, encima de todo, el check out es a las diez de la mañana y ni siquiera por los percances me permitieron quedarme minutos más, retiraron mi equipaje del cuarto o'clock (luego me enteré que en el Cusco el check out es a esa hora).

Partimos rumbo a Ollantaytambo, de camino pasamos por el pueblo de Pisac, conocimos al cóndor de Pisac que, según nos explicó René nuestro guía, es un cerro que tiene la figura del ave rapaz.

Ya en el pueblo, nos detuvimos un momento para ir de "choping" (si, con "ch" de cholo) en el mercado de Pisac donde hay de todo si quieres llevarte un recuerdo de Cusco, hay desde joyas en oro y plata, hasta abrigos, chompas y chullos de alpaca, piedras, cuarzos, cerámicas, zapatos y zapatillas tejidas con detalles andinos, etc. Lo primero que hice fue buscar las calabazas buriladas que colecciono y si, encontré una gran variedad, sin embargo, para una persona como yo, los precios de este mercado son demasiado elevados (ya les contaré), si sólo visitarás Pisac, aprovecha y compra, pero si visitarás otros pueblos, mejor reservarse por que encontrarás buenos precios en Chinchero por ejemplo, aunque si, no puedo negarlo, la variedad de cosas en Pisac es mayor que en otros mercados.

Luego de un rato nos recogió el bus nuevamente y después de otro trayecto de paisajes verdes y carretera, llegamos al restaurante Muña que tenía un buffet que estaba a pedir de boca y con el cual saciamos la hombrecito que ya se venía sintiendo.
Al medio día llegamos a Ollantaytambo, una fortaleza impresionante, como ya dije, las fotos de la enciclopedia se quedan chicas para describir su magnificencia, al estar aquí uno se pregunta como pudieron hacer nuestros antepasados para construir todo esto con semejantes rocazas y luego la respuesta salta por si sola: pertenecemos a una raza de gente hábil y de una dieta andina poderosa, por algo los cholos somos recios, de músculos forjados por el trabajo en la tierra, piel endurecida por el frío y temple de acero, resultado de los embates de la naturaleza.

A estas alturas (alturas andinas) ya el pulmón se me había llenado de aire denso y puro, estaba tonificado, lo que me sirvió para subir hasta arriba por una hilera interminable de peldaños que se encargaron de sacarme todo el aire que había respirado, pero valió la pena, desde lo alto el panorama es otro, la vista es espectacular y se domina todo el valle, ya me sentía yo, mismo inca y desde lo alto quería dirigirle una palabra a mis súbditos que se veían como hormigas abajo... no se como llegue hasta arriba, pero lo que si sé es que una charapita se me había pegado como lapa y me pedía que le tome fotos con su cámara y luego ella correspondía tomandome otras, bueno, en ocasiones como esta, un favorcito se le hace a cualquiera, pero la charapita al parecer quería otro tipo de favores... si pues, terminamos hablando de todo un poco, que donde se hospedaba, que había venido sola al Cusco, que el año nuevo iba a ir a la plaza de armas, que le gustan las aventuras (viajes o deporte imaginé), ustedes saben, siempre es bueno ayudar a las amigas ocasionales, sobre todo si son tan amigables, además se le veía tan solita e indefensa, sin nadie que le pueda tomar sus fotitos... para mi suerte, mi tía y mi mamá que no pudieron subir hasta lo alto me esperaban abajo y el ojo suspicaz de mi tía ya se había ganado con el pase y me estaba clavando en la espalda desde abajo esa mirada recelosa que ni bien llegue a tierra firme empezó a interrogarme y a hacerme recordar que Erickita esto y Erickita lo otro, así que sólo me despedí de Verónica, mi amiga de caminata en Ollantaytambo, adiós Veroniquita...
Estabamos cansados, los tres, aún faltaba conocer Chinchero, donde nos alcanzaría el atardecer. Así fue, en Chinchero conocimos el proceso de teñido, hilado y tejido de la lana de Alpaca, de ahí nos fuimos a una de las iglesias del pueblo, construída sobre los cimientos de otro templo inca, en esta iglesia habían pinturas y esculturas antiquísimas que sólo podíamos ver para contar ya que no permitían filmar ni tomar fotos como en la catedral de Cusco. Aquí el atardecer es espectacular...


Es en Chinchero donde hay una callecita en bajada que tiene sus tienditas donde podemos encontrar objetos y recuerdos, con bastante diferencia de precio, si, mas baratos, algunos casi con el cincuenta por ciento de diferencia, es lo que les decía comparando precios con Pisac, lamentablemente, ya había gastado en Pisac, así que solo compre una que otra cosita.
De regreso al hotel.
Llegamos de noche y teníamos hambre, pero una de esas hambres que solo te dan cuando estas dispuesto a devorar de todo, lo que sea, lo primero que te pongan en frente, si, de esas hambres estoy hablando. Yo soy cholito y como de todo, soy abierto a todo tipo de manjares, mi paladar no es tan exigente, mis madres igual, aunque queríamos comer Cuy, si, nuestro roedor bandera, cocinado al estilo Cusco y eso fue lo que buscamos. Llegamos a la plaza de armas de Cusco, de noche y nos dimos con la sorpresa que aquí solo hay precios para turistas, la comida está bien cara comparada con otros lugares que conocimos el ultimo día que estuvimos en Cusco. Ni modo, decidimos aguantar un poco nuestro antojo a Cuy y nos conformamos con una deliciosa parrilla Andina que traía Cuy, Alpaca, Res, anticuchos, papita y rocoto relleno, acompañada con un delicioso y calientito Chupe de Camarones que estaba riquichichichimo...
Al día siguiente nos tocaba Machu Picchu y según lo que cuenta todo el mundo, es la ruina inca más complicada, teníamos que guardar energías así que luego de la cena, regresamos al hotel donde nos cansamos más que en Ollantaytambo subiendo nuevamente las escaleras por que no funcionaba el ascensor... una bañadita y al sobre, al día siguiente culminaríamos nuestra visita al Cusco, visitando la ruina emblemática de esta ciudad, por fín el motivo del viaje sería cumplido, Machu Picchu nos esperaba, pero esa, esa es otra historia...

miércoles, 4 de enero de 2012

Seamos buenos peatones...

Mientras no saque mi brevete y pueda manejar libremente mi humilde KIA, seguiré siendo un peatón. Y para ilustrar el tema, empezare diciendo que hay dos tipos de peatón: el consciente y el que no lo es. Todos tenemos algo de cada uno de ellos, algunos mas, algunos menos. ¿A que viene esto?, pues, a este mensaje que encontré en la calzada, en un cruce peatonal y que me hizo pensar...



Hablaremos entonces de la cultura vial. Nosotros los peatones, somos ignorantes en esa materia, es mas, hemos jalado y lo llevamos como curso de cargo que vamos pateando y pateando por que simplemente no nos gusta ser responsables y ademas, hay otras prioridades... Es asi que la gente ni siquiera mira los semáforos y confía mas en su vista y en sus pasos sin considerar la proximidad de un auto que por lo general va a treinta kilómetros por hora a la mas mínima velocidad, ósea, o nos atropella o por esquivarnos va a chocar en algun lado. Es que nadie ve el semáforo, todos tienen prisa, todos quieren llegar rapido a su destino sin evaluar consecuencias de nuestros actos, hay personas que ni siquiera se toman el trabajo de ver a un lado u otro, simplemente cruzan y siguen su camino y nunca se dan cuenta que un auto paso a toda velocidad a centímetros de el, estos son los distraídos, los que hablan por celular o pasan en duo o en grupo conversando despreocupados o los que andan con la cabeza en la luna de paita. Estan los temerarios que cruzan por cualquier parte la acera, las tías, esas son las peores, apenas pueden caminar y se meten a velocidad de tortuga, a propósito por avenidas principales obstruyendo el paso, encima sordas no oyen cuando les revientan el claxon y que decir de los agresivos, esos que te mentan la madre cuando les sueltas un ¡tiiiiii tiiiiiii!!!!!!!... esos todavia se paran y con su cara de pocos amigos se ponen a pelear contigo, los flojos son otros sin justificación, habiendo un puente peatonal no lo usan ni se enteran de su existencia. Algunos prefieren caminar por la calzada a pesar de tener veredas anchas y bonitas y a pesar del claxon caminan a su propia velocidad carentes de prisa. La imprudencia es la peor de las actitudes, sobre todo la falta de responsabilidad, cruzar de esa manera una pista con un niño, enseñando lo que no debe ser, peor aún con un anciano o un bebé. Encima de todo nos quejamos cuando algo sucede y quien paga el pato es el incomprendido chofer que trata de cumplir con sus normas de transito, claro, hay choferes y choferes, pero por lo general no llevan siempre la responsabilidad total. Seamos conscientes señores, nada quita mirar a un lado u otro antes de cruzar la calzada, como dice el dicho popular: "mas vale perder un minuto en la vida, que la vida en un minuto".

sábado, 3 de diciembre de 2011

El regalo prometido...

Cuando era niño (quiero decir, un niño como esos pequeños a los que papá y mamá aún llevan de la mano para que no se pierdan o por que todavía no caminan bien), recuerdo que, paseando por la plaza dos de mayo de aquellos años, ¡uf!, ¡hace muchos años!, no existía seguridad municipal, ni nada por el estilo, los ambulantes tenían la libertad de cerrar hasta las calles principales con sus productos, era época navideña, había mucha gente y se veía de todo.
Yo era un crío y apenas recuerdo cosas generales, sin embargo, esa noche en la que presumo mis padres regresaban de trabajar y teníamos que caminar largo tramo para tomar un micro que nos deje lo más cerca posible de nuestra casa, por que antes señores, antes se caminaba bastante, no como ahora que hay metropolitano, combis, micros, taxi, colectivo, mototaxi, tricitaxi, etc., eran otros tiempos.
Si, otros tiempos, no habían juguetes sofisticados como ahora, nada de regalos como Playstation, cámaras digitales, laptops, viajes, gadgets, celulares de última generación y cosas por el estilo. Un buen regalo era un buen juguete que llenaba de brillo la mirada más inocente de los niños de aquellos años.
De esa noche, recuerdo que un juguete me llamó la atención... ¡era una sandía!, pero no una sandía cualquiera, era una sandía que funcionaba a pilas, tenía ruedas de color amarillo y unos ojos enormes, de ambos lados unas tajadas como especie de alas se extendían y ocultaban mientras unas luces rojas intermitentes acompañaban a una melodía de navidad salida desde dentro de la sandía. Me enamoré de ese juguete y al toque lo abracé (por que era muy grande) para llevarmelo, obviamente, no me lo podía llevar por que alguien lo tenía que pagar y al parecer ese no era el caso de mis padres. Entre lágrimas de crío, mis padres me apartaron del juguete, sin poderlo evitar y con el dolor de su corazón, siguieron su curso. Sólo recuerdo la noche como un marco de todo, las luces navideñas por todos lados, villancicos, gente presurosa de aquí para allá, el bullicio y yo, sollozando, con las manos extendidas, mirando como se alejaba esa sandía sin comprender...



Esa navidad, papá me regalo un camioncito de carga, era de plástico, marca Basa, como todos las cosas de plástico de entonces...
Ha pasado mucho tiempo y cuando llega Navidad, ese recuerdo regresa a mi, ese juguete ideal que jamás fue mío en esa infancia dura y difícil que me toco vivir, es como una nota pendiente en mi lista de notificaciones en mi iPhone que se activa automáticamente en estas fechas.
Pero más alla del juguete en si, en este tramo, en el que puedo parar y mirar el camino recorrido, estoy convencido que la infantil impotencia y el llanto agargantonado por no obtener lo que se desea, no puede compararse con el dolor de unos padres que no pueden comprarle un juguete a su hijo por que hay prioridades en la vida...
Mis navidades fueron hermosas, mi familia siempre estuvo unida, mi madre se esmeraba y gastaba en la modesta cena navideña hasta el último centavo, era una ocasión única, una vez al año, a las doce de la noche, en casa de mamá, como todos los años, siempre nos juntabamos, hermanos, papá y mamá en un abrazo familiar para luego compartir la cena y disfrutarla juntos. Las cosas no han cambiado mucho, mamá ahora se esmera con su pasatiempo de los nacimientos y en la cena hoy se suman los nietos, sobrinos, un par de nueras y la familia permanece, como el principio de los tiempos, unida, sólo falta papá que nos adelantó el camino, pero su recuerdo está ahí, como en el poema de Valdelomar, el hermano ausente, el asiento vacío que siempre será de papá.
A pesar que mis navidades no estuvieron plasmadas de regalos, mis padres nos enseñaron a creer en la familia y a dar de todo por ella, es por eso que, cuando veo a alguien preocupado por comprar el regalo para tal y el obsequio para cual, pues, me digo, de que sirve regalar si no hay aprecio de verdad, de que sirve comprar lo más caro que puedes pagar si ni siquiera eres capaz de decirle a esa persona lo que realmente sientes. Hoy me toca esa tarea, comprar regalos para los sobrinos y arrancarles una lágrima o una sonrisa, por que se lo merecen y si pudiera acertar en su deseo, sería para mi el mejor regalo.
En fin, al diablo con todo señores, abran los ojos y verán que la Navidad es más que un regalo, la Navidad es saber que aunque te hayas ido de casa, aunque hayas hecho tu vida y tengas tu propia familia, en casa de mamá siempre encontrarás a tus hermanos y a esa viejita llorona que cocina como la puta madre.

viernes, 18 de noviembre de 2011

De paseo por Ica (Día tres)



Viene de De paseo por Ica (Día dos).


El tercer día fue excelente, primero nos fuimos a Paracas, para salir en yate a las Islas Ballestas, para ver a los pingüinos, cormoranes, pelícanos, lobos marinos y variedad de aves guaneras, la figura del Candelabro de ida y de vuelta, aunque el día estaba algo nublado, fue lo mejor ya que el sol no nos afecto tanto ahora que la capa de ozono está tan delgada y los rayos ultravioleta queman todo a su paso.








Llegando a tierra firme el hambre nos tronaba los intestinos así que nos empujamos un desayuno americano con su chicharrón de pollo que cayo a pelo. Luego un paseíto por el puerto de Paracas y comprar algunos recuerditos fue lo mejor.
De ahí nos fuimos a la Reserva Nacional de Paracas para visitar las playas, La Catedral (o lo que queda de ella después del terremoto), los fósiles marinos, la playa Yumaque, etc. y el almuerzo nos cayó en un restaurante en la playa Lagunilla, pero, nada que ver, a la comida le faltaba la sazón de un buen cocinero nacional, a lo mejor a los turistas les agrado pero a mi no.