sábado, 12 de agosto de 2017

Diario de viaje: Día 9

Llegamos a Cusco a la una y cuarenta de la madrugada, mi idea era ir al terminal y dormir ahí a esperar el bus que sale a las cinco de la mañana pero el taxi que tomé, me dijo que habían autos que salían a esa hora a Abancay... ¿si?, ya pe' llévame, me cobró cinco soles y me llevó a la calle San Martín, a tres cuadras del óvalo Pachacutec donde salen los autos para Abancay, el único detalle es que había que esperar que completen cuatro pasajeros, conmigo iban dos pasajeros.
Y dieron las dos de la madrugada y no aparecía nadie. Solo el chofer, un pasajero y yo dentro del auto a la espera de dos personas más. Estábamos a dos grados de temperatura y lo mejor era esperar dentro del auto. El chofer y pasajero se quedaron dormidos pero yo, yo solo pedía que se aparecieran de una vez los pasajeros que faltaban, primero para completar la plaza y segundo para hacernos calorcito por qué me cagaba de frío.
Las tres de la madrugada. Sigue la espera, no llega nadie. Parece que era la hora tope por que el chofer bajó un rato, dio un par de vueltas, regreso al carro, lo encendió y ahí nos fuimos, rumbo a Abancay, me imagino que recogerá pasajeros en el camino.
Como ya salimos, poco a poco me fue ganando el sueño.
Estaba durmiendo bien rico, no se cuanto tiempo pasó desde que arrancó en Cusco, el auto paró y recogió a dos tías lugareñas que venían con sus polleras completitas así que mi sueño mejoro por qué ahora estaba calientito.
Me volví a dormir.
No se cuanto tiempo más paso, aún era de noche y se bajaron las tías polleronas y no sé si fue por ellas que no sentía las curvas. Desde ese momento no pude dormir. ¿Porque?, es mi primer viaje a Abancay, descubrí que el camino es curva, curva y más curva, cuando el carro giraba a la izquierda, me iba a la derecha, cuando el carro giraba a la derecha, me iba a la izquierda, yo estaba de contrapeso en el asiento de atrás. Cómo podrán imaginar, no pude dormir todo el trayecto, entre curva y curva, entre cerros y noche oscura, hasta que en la oscuridad apareció a lo lejos, allá abajo como un mapa de luces la ciudad de Abancay, pero faltaba aún para llegar, empezó a clarear el día, aún no llegábamos y aún no terminaban las curvas.
Llegue a Abancay a eso de las seis de la mañana, todo batido y me dejaron justo frente a la agencia que abriría recién a las nueve.
Asu mare!, Hacía frío, el doble de frío de los otros lugares en donde estuve, tuve que ponerme al toque otra casaca para aguantar tantito.
Ya abrigadito, suspire y me dije, está es la tierra de mis ancestros, por fin llegué aquí.
Toda una vida de historias acerca de esta tierra y ya estaba aquí, sin guía alguna y de paso, no podría estar mucho tiempo.
Me fui al mercado y me emociono un poco ver un letrero en tres idiomas: español, quechua e inglés. Como siempre, solo había caldos de desayuno y todavía estaban preparando, está vez si quería caldo para despertar un poco por qué me estaba ganando el sueño.
Encontré en el segundo piso a la señora Beatriz que se especializa en caldo de Cuy. Según me cuenta, ella es la que invento este plato y que luego se lo han copiado. Puede ser por qué te sirve un delicioso y humeante plato de caldo de quinua y chuño entero acompañado con una porción de mote y hierbabuena picadita, claro, también viene con su presa de Cuy sancochada, deliciosa y gelatinosa, ¡ahhhhhhh!, de tan solo recordar esa mezcla de sabores, empiezo a salivar.

Me despedí de la tía Beatriz agradeciendo tan delicioso plato.

Me fui a pasear por la plaza de armas y llame a la tía más Tia de todas las tías quien me dijo que no conocía Abancay (?) y que en realidad su terruño era Andahuaylas... ¡también voy por ahí¡, ¡también voy por ahí¡... ya, ya, hijo, no regreses sin comer chicharrón y Cuy frito y muchas bendiciones... ay mamita tus bendiciones siempre son bien recibidas, ya conoceré tu terruño.

Espere unas horas más pelándome de frío frente a la agencia hasta que abrió, hice mi chamba y con la misma tome un taxi por cuatro soles que me llevó a la calle las Américas que es de donde salen los autos a Andahuaylas por veinticinco soles.

Ya en el auto partimos a Andahuaylas y... ¡otra vez!, curva, curva y más curva, tres horas de viaje para llegar a Andahuaylas y pura curva. Pero eso sí, hermosos paisajes, carretera de curvas entre cerros y precipicios, subidas, bajadas, de cuando en cuando viento helado, luego calorcito, precipicio, altura y más altura, casitas por aquí, casitas por allá que me hacían pensar en donde quedaría la tan famosa Hata Huasi de mama y si algún día la conoceré...

Llegue a Andahuaylas a buena hora, hice mi chamba y... ya mi cuerpo estaba sintiendo el cansancio después de tanto viaje, busque un hotel y conseguí uno muy bueno, me di un baño y me dormí hasta el día siguiente.

viernes, 11 de agosto de 2017

Diario de viaje: día 8

Seis de la mañana, dilema: ¿me baño?.

El hospedaje que tome el día anterior no tenía agua caliente y el agua en provincia, lo saben señores, es agua helada, ¡alalau chiri!, ni modo, estamos preparados para la guerra así que a congelarse un rato. Fue la mejor opción, me despertó como diría Cantinflas "icso jacto", pero rapidito nada más por qué estaba bien helada el agua.

Listo, salí y me fui a la calle Pavitos, de ahí salen las minivan a Urubamba y por seis soles te llevan en una hora y media. Todo bien, disfrutando como siempre de los paisajes.

Ya en Urubamba la agencia aún no abría, llegue como a las ocho y cuarto, aproveche para desayunar y ya saben, en provincia es segundo de desayuno.

Al los lados de la avenida Ferrocarril hay algunas señoras que venden desayuno, me acerqué y pregunté: ¿qué hay seño?; hay desayuno caserito, arroz con pollo, revuelto de patita y frejoles con malaya... yo solo pensaba:¿revuelto de patita?... que nombre tan particular... será como la patita con maní que prepara mamá...¿revuelto?... ¿revuelto con que?...¿patita de res o de chancho?... ¿será rico?... debe ser rico... ¿tendrá café?, seguro viene con arrocito... ¿será jugoso?... si... debe ser jugoso...

¿Que le sirvo papi?... me despertó la pregunta, la señora, lugareña típica me estaba mirando cucharon en mano esperando mi respuesta: ¡revuelto de patita!.

Lo mejor de lo mejor, un plato contundente y delicioso, que más se puede pedir, ¿café?; no papi, tengo matecito nomás, de hierbitas, sírvete nomás papi, ahí está el vasito; y me dio un vasito de plástico para servirme. Ya estaba con mi revuelto de patita calientito y a pesar que había sol, hacia frío así que lo mejor es darle vuelta mientras este calientito, me servi matecito y calientito en tanto frío que rico que entra.

Ya basta de placer, termine y me fui a la agencia y espere todavía a que abran a las nueve en punto. Muy amable la gente de Cusco, todos por igual, te ayudan cuando lo necesitas. Termine aquí y a dos cuadras tome mi carro rumbo a Quillabamba que está a tres horas. Estoy sentado al lado del chofer, es un auto y me acabo de dar cuenta que no he preguntado cuánto me vale cuanto me cuesta el pasaje a Quillabamba.

La gracia me salió cuarenta soles por tres horas de viaje, ni modo pues, por no preguntar antes, luego preguntando me enteré que cobran treinta y cinco.

Pero la verdad, el viaje estuvo entretenido, conocí a Eugenio, el chofer, muy amable y jovial, hablamos de todo, de política, de los maestros, de los viajes, de mi trabajo, de su trabajo.

Fue así como descubrí que Eugenio cultiva seis hectáreas de Cacao y está buscando compradores para su mercadería. Si alguien sabe algo, me avisa y les paso sus datos.

Nunca me cansare de decirlo, lo más gratificante de hacer este trabajo es que permite conocer gente y lugares, hermosos paisajes que de verdad, solo apreciarían su belleza viéndolos con sus propios ojos.

Llegue a Quillabamba y corre que corre por qué aún falta Machupicchu, terminé, un rico cevichito y a buscar los autos para el siguiente punto. Por quince soles y una hora y media aproximadamente de viaje te llevan a Santa Teresa que es donde se llega para comprar los pasajes en tren en el tramo de Hidroeléctrica a aguas Calientes, que nos cuesta a los peruanos solo cinco soles.

Bien, ahora rumbo a Hidroeléctrica saliendo por un camino de trocha de una sola vía, en más o menos media hora y por cinco soles llegamos a la estación del tren, ya la gente estaba haciendo cola para subir a sus respectivos vagones. El tren salía a las cuatro y media y todo estaba bien hasta que empezaron a abordar los vagones.

A pesar de la cola existente, me avergüenza decirlo, en Perú existe la cultura de las mujeres, los ancianos y los conchudos primero, a pesar de tener asientos numerados, la gente se desespera por subir y eso que el tren estaba apagado.

Qué feo, todos encima de todos, 56 asientos por vagón, pero parecía una multitud por qué todos querían subir a la vez.

¡Arrancó el tren!, con ese suave balanceo empezó el tramo por cuarenta y cinco minutos, hora de maquinista, rumbo a aguas Calientes, donde culminaré mis trabajos en Cusco.

Llegue a Aguas Calientes a eso de las cinco y cuarto y no sabia si comprar mi pasaje de regreso o ir primero a la agencia y terminar de una vez en Cusco. Decidí terminar de una vez con la agencia que faltaba. Error. En la agencia terminando la chamba le pregunté al vigilante donde compraba mis pasajes y me miró sorprendido, ¿que no has comprado tu pasaje de regreso?, me miró como cagándose de risa para adentro, ya no vas a encontrar, me dijo, ándate ahorita a comprar a ver si consigues, me indicó donde podía comprar, si no consigues vas a hacer tu cola por allá pasando el mercado pero lo más seguro es que llegues al último tren de las nueve y cincuenta. Y yo con cara de novato viajero, me fui corre que corre a ver si encontraba, pero ya estaba agotado en todos los horarios. Regresé donde el señor vigilante para decirle que ya no había y me dijo: corre ahorita has tu cola para que encuentres tu pasaje si no ya sale mañana a las cinco de la mañana.

Yo preocupado por que tenía que irme a Abancay, me fui corriendo con mi cajita para encontrarme con una cola enorme que empezaba en la boletería del tren, cruzaba todo el mercado y terminaba atraaaaaaaaaaaaassss... recién daban las seis así que tuve que hacer mi colita con la idea de avanzar y encontrar cupo al tren de las nueve y cincuenta. Seis... siete... ocho... la gente empezó a ponerse tensa y como perritos rabiosos ladrando a todo extraño que se acerque a la cola, ya estaba por terminar las ocho y entraba las nueve, el penúltimo tren ya había llegado y estaba por partir, la cola no había avanzado ni a la mitad. Tenía dos opciones: quedarme en Aguas Calientes y partir al día siguiente a Ollantaytambo o comprar un pasaje de turista para salir en el último tren.

Lo confieso, hubiera preferido quedarme y descansar un poco ya que tenía el cuerpo matado de viajar todo el día, pero, si salía recién al día siguiente, no llegaría a Abancay antes de la una de la tarde y desperdiciaría el día.

Tuve que comprar mi boleto de turista y aunque mi cliente no pague el precio, mi trabajo me exige cumplir con el, así que salí en el último tren con el pasaje de turista que es bastante versus los diez soles que normalmente se paga por ser peruano para regresar en tren, que dicho sea de paso, es el único medio de transporte que une a Aguas Calientes con los alrededores. Aunque me suena extraño y poco creíble, es lo que se dice aquí y no hay otra opción.

Así que estoy ya en el tren, rumbo a Ollantaytambo y ojalá tenga suerte y encuentre movilidad a Abancay.

Bueno, al menos me dieron tecito y piqueos.

Llegue a Ollantaytambo y solo había movilidad para Cusco, me cobraron diez soles, así que regreso al centro y dormiré en el terminal para salir a primera hora a Abancay.

Diario de viaje: Día 7

¡Jue horrible!, ¡Jue horrible!, mi iPhone se apagó...

Totalmente desconectado: ¡no podía ver el mapa!, ¡no sabía dónde estaba!, ¡no podía hacer seguimiento de la ruta!, ¡no sabia la hora!, ¡no podía tomar fotos del trabajo!, ¡no podía hacer mis reportes!, ¡mis apuntes!, ¡estoy perdido!... ¡nooooooooo!...

Solo quedaba dormir y esperar pacientemente a llegar a Sicuani.

El carro pasó por Moquegua, Puno, Juliaca, Ayaviri y finalmente llegó a Sicuani, es un tramo largo de más de diez horas por lo que a mitad de la noche tuve que ir al baño llegando a Juliaca por que para variar el baño del bus estaba malogrado.

A la faena: ¡Maaaaaaaaammmmbooooo!, tara tara tara UUUuuu, tara tara tara UUUuuu... ¡¡hacia un frío terrible!!... a pesar de haberme abrigado, el frío me hacía encoger y tenía que correr hacia el baño... !pichi, pichi pichi¡... otra vez al bus... ¡que friooooo!, me acurruqué al asiento y ya me dormí hasta el amanecer.

Camino a Sicuani, sabra dios donde por qué estaba desconectado del mundo, el bus hizo una parada y subieron unas vendedoras ofreciendo chicharrón de alpaquita señor, ya a esa hora daba su hambrecita asi que, ¿cuanto está?; tres cincuenta señor; dame uno...

El mayor placer del mundo: viaje en bus mirando el paisaje, praderas verdes, cerros y lomas que entremezclan verdes, amarillos y marrones, de cuando en cuando un pequeño río bajo un puente, yo sentado mirando a través de la ventana, comiendo un delicioso chicharrón de alpaca que vino con chuño, papitas sancochadas y mote... ¡que rico!... es por eso que me gusta mi trabajo, por los pequeños placeres que nos da.

¿A qué hora llegamos?, quien sabe señor, lo primero que hice al llegar a Sicuani fue buscar un enchufe para revivir mi iPhone, habían tomas en todas las columnas del terminal pero nada, el cable chancho que tenía me falló y no cargaba ni aunque le llorara...

Descubrí que aún no eran las nueve cuando llegue al punto y aún no abrían la agencia así que decidí comprar otro cable pero no encontré. El problema era el reporte fotográfico que tenía que enviar.

Se me ocurrió hablar con la "Jack", una chica muy amable en la agencia que accedió a prestarme su celular y luego enviarme las fotos. ¡Gracias!. Si no la besé es por qué tenía que guardar la compostura, ustedes saben, a pesar de todo uno todavía es medio decente, pero quede bastante agradecido con ella.

Con la misma salí y tome mi moto taxi al terrapuerto, de ida no fue mucho tramo, de regreso se hizo más largo, no sé por qué el camino se volvió trocha y descampado... empecé a recordar esas historias de mi abuelo Pancho, de unos patas que se les llama pishtacos, que se llevan a la gente para sacarle la grasa y... bueno, conmigo se sacaba la lotería. Volví a la calma cuando vi el terminal y ¡uf! dije menos mal.

Afuera del terminal tome un bus que me llevo a Cusco por siete soles cincuenta, el único detalle es que se demoró un montón por qué paraba y recogía pasajeros todo el camino y llegue a Cusco como a la una de la tarde y de ahí otra vez la correteadera por la chamba, termine cerca de las siete de la noche, me busque un power bank de 30,000 que me salió baratito nada más, compre agua, me pedí un delicioso Api y al sobre por qué mañana toca Urubamba, Quillabamba y Machupicchu.

Consejo: siempre es bueno mantenerse hidratado, sobre todo cuando se viaja de ruta y no se descansa, así evitas dolores de cabeza y mareos y nunca está de más unas pastillitas de complejo B.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Diario de viaje: día 6

A sus marcas... listos... ¡ya!

Tenía todo listo a las seis de la mañana, faltaban tres horas para empezar la jornada y hoy es el día de recuperación, salí a tomar desayuno, me fui por el mercado a eso de las siete, pero todo estaba cerrado, los pocos puestos de desayuno solo tenían los clásicos caldos de cabeza, caldo blanco, de gallina y segundos contundentes, yo solo quería algo ligero pero no encontré, regrese entonces al restaurante donde cené ayer, el Taypa Moqueguano y pedí un desayuno "moqueguano" (así figura en su carta), que dice así: café, leche o mate, pan de Torata, jugo de naranja (me dieron papaya), bisteck de res, arroz y ensalada de palta... hummmmm que rico!. Aunque a ultimo momento me dijeron que ya no había bisteck de res y que me lo iban a reemplazar por pollo. Me fastidió un poco por qué me gusta lo auténtico, Pero no me puedo quejar, quedo más rico.




Ya era hora: ¡corre Jorge, corre!... llegue a la agencia, nueve en punto y... aún estaba cerrada. Cosas de provincia. Tuvimos que esperar unos minutos para ingresar. Y cuando abrieron, un rayo veloz ingresó de aquí pa'lla a toda velocidad, levantando papeles y desapareciendo en el acto. Cuentan que lo vieron luego camino Ilo. Era yo.

Ya está, ahora camino a Ilo.

Me cobraron trece soles en auto. Y en Ilo apenas estuve de paso, corre que corre que Tacna está más allá... si, con la misma enrumbre a Tacna en auto por veinte soles, aunque me querían cobrar veinticinco, pero siempre hay que regatear.

Llegando a Tacna corre que corre, tenía que acabar y salir a Sicuani, me dijeron que en el terminal de Collasuyo podía encontrar carros con ese rumbo, así que vamos pa'lla. Ya en el terminal empecé la afanosa tarea de buscar movilidad a Sicuani pero ¡nadie iba para allá!, pregunte y pregunte y en eso un pata que estaba parado al lado del baño me hizo ¡psssst!, ¡psssst!... voltee y me dijo que me acerque y como si me pasara una información valiosa, me dijo: ¿vas a Sicuani?, Julsa te lleva papá... así que fui a buscar a Julsa y ¡oh sorpresa!, ahí no había preguntado: ¿vas a Sicuani?; claro pues hijito; ¿cuanto me vale, cuanto me cuesta?; cincuenta soles; ¡¿como?!; lo tomas o lo dejas; ya, dame un pasaje; toma pasajero, a las seis y media en la puerta uno por favor; gracias.

La batería de mi iPhone estaba a punto de morir, como me había olvidado mi cable en la oficina tuve que comprar un cable chanchito y no pasaba nada, o cargaba o no cargaba, era un dilema. Lo deje encargado a Julsa para que vaya cargando.

Faltaba una hora para salir, era momento para comer algo, en el segundo piso del terminal hay restaurantes y me pedí un estofado de cordero que vino acompañado de una deliciosa sopa de pollo calientita y descubrí que las cosas calientitas por estos lares hay que darles curso inmediatamente por qué se enfrían al toooooqueeeeeee...

Ya para salir, la carga de mi iPhone apenas subió dos por ciento, ya me estaba preocupando por qué en Sicuani tenía que tomar fotos de la instalación.

Hacía un frío tremendo y el bus no era la comodidad en absoluto.

En fin, ya camino a Sicuani y a pesar de que era de noche, pude apreciar lo majestuoso de nuestro Perú, las llanuras oscurecidas, las distancias, lo más hermoso para mí son los tramos oscuros, si, puedes ver los cerros, sus sombras en gamas de color negro noche que se anteponen a los arbustos según la distancia, algunos de ellos habitados presumen sus luces como puntos amarillos y blancos...

martes, 8 de agosto de 2017

Diario de viaje: día 5

Amanecí por los ruidos de los albañiles en una casa aledaña que está en plena construcción, bañito, paquete de Pedregal y al punto. Nueve de la mañana clavadito, pero no abrían la agencia, la gente ya hacia su cola, pero no había ni rastro de la persona que abriría la agencia. 
Ni modo, aproveche para ir al mercado del día anterior para desayunar. 
Como ha cambiado Pedregal, estuve por aquí hace como cinco años y como su nombre lo dice, todo era piedra y tierra, las casas eran de estera, parecía un pueblo fantasma. Ahora hay bastante comercio, casas de material noble, pistas, parques, están todos los bancos y mucho movimiento. 
Llegue al mercado y encontré las clásicas sopas de desayuno, malaya frita, lomo saltado, tallarines verdes, pero yo quería café. Buscando encontré un puesto donde tenían en el menú pescado frito, pregunté qué pescado era y me dijeron jurel... yeahhhhh!!!, trai pa'ca que me sirvo solo... pedí mi jurelito frito y un filetito más, venía acompañado de arroz, papas fritas y ensalada, pero nada de café, aún así, rico, muy rico, acompañado de agua de cebada calientita, lo mejor de lo mejor. 


Así estaba destrozando mi jurel cuando un par músicos callejeros pasaron cantando: que linda flor, que linda flor... que linda flor es esa chiquilla, esa chiqiiiiiiilla... ya no pues, comida rica y recuerdos de buenas épocas, no pues, es lo mejor. Recordé mi viaje a Huaraz y a mi flaquita, lo máximo. 
Luego terminé mi trabajo y con la misma, la salida de Pedregal, rumbo a Arequipa y de ahí a Moquegua. Espero llegar a buena hora para hacer al menos un punto. 
Llegando a Arequipa en el paradero de minivans sentí un olorcito que me hizo volar hasta un carrito de chicharrones, no pues, sirve un poquito antes de salir para Moquegua y la tía me sirvió un platito con mote, chuño negro, papas doradas, jugos chicharrón y cebollita con hierba buena. 
Delicioso, simplemente delicioso. 
Ahora sí, corre, corre, envié mi paquete a  Cusco y corre que corre tome un bus a Moquegua que me dijo la chica llegaba antes de las seis a Moquegua te lo juro por diosito. Pero ya subido al bus, me estuvieron horneando por casi media hora, el calor era insoportable, pero ni modo, tenía que esperar ya estaba adentro. El bus salió con media hora de retraso y yo que gritaba por dentro: ¡Apúrate!, ¡apúrate!. La próxima vez si tomaré el curso de teletransportación con Son Goku. 
Nos dieron las tres, las cuatro y ya se acaban las cinco de la tarde, a veinte para las seis, según “gugle maps” faltaban  once minutos para llegar a Moquegua, si la hacía, ya me estaba preparando para salir corriendo por encima de asientos y pasajeros, tomaba mi taxi y sobradazo llegaba al punto antes que cierren a las seis. Todo estaba fríamente calculado pero... SENASA. A pocos minutos de Moquegua hay un punto de control donde obligatoriamente te hacen bajar con todas tus cosas para escanearlas mismo aeropuerto. Me cagaron. 
Llegue a Moquegua a las seis y nueve minutos, ni modo, ya estaba fuera de hora. 
Me fui en busca de un hospedaje, de ser necesario al frente del punto para empezar a primera hora, luego cenita y al sobre dejando todo listo para aprovechar el tiempo perdido al día siguiente. 

lunes, 7 de agosto de 2017

Diario de viaje: día 4

Corre, corre, hoy es el día...
De madrugada, baño con agua helada, verificar equipaje por si acaso, salida del cuarto y rumbo al terminal a recoger mi paquete. 
Empezamos bien. 
Me fui al terminal y antes de todo busque algo para desayunar, pensé en un cafecito con su pancito y su lomito al jugo o un pan con chicharrón, pero al parecer no existe ese tipo de desayuno por el terminal, de desayuno había caldo blanco, caldo de cabeza, caldo de gallina, etc. y cuando pedí café me miraron raro... tuve que tomar un caldo de gallina levanta muertos que estuvo preciso a esa hora de la mañana.
Me fui al terminal a buscar mi paquetito y me puse nervioso por qué el pata de las encomiendas no lo encontraba, lo buscó casi diez minutos y yo que estaba pensando lo peor, toda la publicidad perdida, mi misión se acabaría apenas empezando, así estaba preocupándome inevitablemente cuando me pregunto de que tamaño era mi caja... no se de donde sacó el pata que era una caja pequeña, cuando le dije que era una caja grande, recién dijo: ah yaaaaaa... (huevón, pensé).
Otra vez retrasado, eran las nueve y media y como pesaba esa caja que me habían mandado, tome un taxi para partir al primer punto y no sé cómo se me ocurre preguntarle al tío por la ruta que iba a llevar y si me podía hacer el servicio de taxi a todos los puntos. Me dio un precio razonable y pa'luego es tarde, vámonos ya que no llegamos. Buena decisión, el tío Juan me hizo todo el recorrido por Arequipa, sin problemas y apoyándome con el material, muy tranquilo el y encima me dio boleta. Le pedí su numero y la próxima vez de hecho que lo voy a llamar. 
El señor Juan me dejo frente al terminal, donde tomas los minivans que salen a Pedregal (¿se acuerdan que no llegue el primer día?) y te cobran ocho soles. 
Antes de partir quise buscar algo que comer pero ya pasaban de las cuatro y no había nada por aquí y nada por allá, tuve que conformarme con una botella de agua de guayaba y unas cachanguitas de soya. 
Fueron casi dos horas de viaje y nos pusieron para el camino la película Pearl Harbor que estaba bien bacan, pero me distrajo del paisaje, cuando me di cuenta, el atardecer de las seis se estaba apoderando de todo al rededor, al frente la carretera negra, a los lados los cerros marrón dorado cenizo, a lo lejos las siluetas oscuras de los árboles y las casas, más allá cómo sombras, los cerros como siluetas fantasmales que se ocultaban bajo el cielo azul ceniciento, en el horizonte el cielo dorado se fundía con un cielo azul cenizo en degradado a oscuridad... los colores se van esfumando y poco a poco va llegando la noche, en los cerros se encienden las luces de las casas, los camiones y carros encienden sus luces, ya solo se ven tonalidades de gris cada una más oscura que se confunden en la oscuridad... Que hermosa experiencia viajar por carretera. 
Llegue a Pedregal a las seis y cuarto, ya no podía hacer mi chamba, ni modo, será mañana y mañana mismo rumbo a Moquegua. 
Llegue al hotel, pague treinta y cinco soles por la noche. Me bañe, me cambie y salí a buscar algo que comer por qué si lo recuerdan, ¡hoy no comí!.
Salí a buscar algo para llenar el buche y habían puros chifas y no estaba con ganas de chifa, camine un poco y llegue a un mercado, eran como las ocho de la noche y me sorprendió ver actividad a esa hora, es como si el mercado de nuestro barrio recién abriera a esa hora, había bastante gente como si fuera de día. 
Busque algo de comer y solo había mazamorras, anticuchos, emolientes y un plato medio raro que al parecer es común por qué había varios puestos vendiendo el mismo plato, se llama salchipollo y es un pollo empanizado frito, servido sobre una base de tallarines, arroz chaufa, papas fritas y para complementar, trozos de salchicha, acompañadas de cremas al escoger: mayonesa, mostaza, ketchup, ají o aceituna. La verdad, dude bastante para pedir un plato, pero, dado que no había otra opción más que chifa, decidí coger mi banca y pedir lo mío que ya el hambre decía basta. 
La verdad, estuvo muy bueno, yo escogí la salsa de aceituna que me sorprendió que sea aceituna pura molida. Este plato no tiene tan buena pinta pero sabe muy bien, lo recomiendo y solo cuesta seis soles. 


Luego, para bajarla, me tomé un emoliente y vaya que emoliente, me lo sirvieron en un chop gigantesco que parecía un barril, casi no lo acabo. 
Ya con la panza llena, regresó al hotel y a esperar a mañana que es otro día. 

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No hay mucho que contar, salvo la calidez de la gente arequipeña, su deliciosa comida y que era domingo. Si. De desayuno en el mercado San Camilo, pedí un cafecito tibio, pancito serrano y para complementar un delicioso Cancacho (no dejen de probarlo). 

Cancacho, Mercado San Camilo, Arequipa
Eso fue suficiente, con eso no tuve hambre todo el día, en la noche un poco de agua con pancito serrano, alistar las cosas para la chamba al día siguiente y al sobre. 

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